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Marcos se había quedado la noche de la última canción de baile hasta tarde en la plaza. Sentado en un banco, viendo cómo recogían la decoración de la fiesta y volvían a dejar la plaza como estaba. La gente que aún quedaba comenzó a marcharse, pues unos truenos avecinaron lluvia. Pero Marcos no parecía querer moverse de allí. Con la mirada apuntando al infinito y con una expresión triste y estática terminó quedándose solo por completo en aquel espacio al aire libre. Unas primeras gotas cayeron, seguidas de muchas más. Pronto el suelo se encharcó y las luces de las farolas se reflejaron en él. A Marcos no le importó mojarse, es más, parecía sentarle bien, como si ayudase a limpiar un poco su dolor. En el fondo deseaba verla, aquella noche y todas las veces que ella lo llamase, siempre. Pero aquella ocasión había sido la última y había perdido la oportunidad, pues ya no volvería a llamarlo para más canciones, para más besos, para más abrazos…

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Pido perdón por el retraso. Pero estoy terminando los últimos detalles de mi libro, que pronto saldrá a la venta y dios… mucho estrés, mucho trabajo. No he tenido tiempo para el blog. Pero hoy os traigo una nueva parte de esta preciosa historia de amor.

Por si alguno está un poco frío después de tantos días, y necesita refrescar la memoria con lo anterior, haré un breve resumen de lo que ha pasado hasta ahora entre Carlos y Denis.

Por fin Carlos consiguió hablar con ella, después de años de observarla, de suspirar por el amor que sentía hacia Denis, por fin un día trabajando en el establo al que dedicaba unas horas a la semana para ganar un dinero extra, Denis apareció pidiendo información sobre los caballos que allí se encontraban. Por primera vez sus miradas se cruzaron. A partir de ese día, Denis siempre buscaba cualquier momento para hablar con él, para verlo. Lo visitaba a menudo al establo y pasaban horas hablando. El padre de Denis no aprobaba la amistad con él, ya que ellos pertenecían a una clase de sociedad alta y Carlos a una baja. Un día, Denis apareció desesperada en el establo y pidió a Carlos que se escondiera con ella en el granero, pues su padre la buscaba furioso. Cuando su padre por fin desapareció, el acercamiento de Carlos hacia Denis encendió aún más la llama que les invadía a ambos y por primera vez se besaron y se abrazaron. Después, poco a poco, Denis fue apareciendo menos y cuando él le preguntaba por qué pasaba tantos días sin aparecer, ella siempre respondía lo mismo: he estado ocupada. Hasta que un día, ya no volvió a verla.

Bueno, hasta aquí todo lo que había ocurrido. Veamos ahora cómo continúa ésta historia. 🙂

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Después de aquel día, Carlos ya no fue más un fantasma para Denis. Por primera vez existía para su mirada, para su sonrisa, y tal vez se atrevería a decir que incluso para sus pensamientos. La casa a la que servía se encontraba enfrente de la de ella. Por lo que sus caminos se cruzaban a menudo. Y además, visitaba el establo… siempre iba para ver a los caballos, en especial a Raudo, se había encariñado con él y estaba intentado convencer a sus padres para que se lo quedaran. Aunque más bien en el fondo parecía todo una excusa para poder pasar un momento al lado de Carlos.

«El marinero se acercó a la dama, y con el corazón en el puño le dijo: si quisieras pasar el resto de tu vida conmigo, robaría al tiempo los recuerdos, para incluso después de morir, asegurarme de que permanecieran a mi lado» le recitó Carlos a Denis. (más…)

Marcos sintió un deseo casi frenético de tenerla cerca. Los labios delgados y sonrosados de ella parecían beber de la tibia brisa que en aquellos momentos ondulaban su cabello. Sus ojos grandes y de color miel endulzaban la mirada de Marcos hasta el punto de querer asomar unos colores de rubor en sus mejillas. Pero no quería parecer como todos los demás. Mantuvo la compostura como si se tratara de cualquier otra ciudadana. «El dueño no se encuentra aquí en estos momentos, pero si puedo atenderle yo, lo haré con gusto» dijo Marcos de forma amable y sin ningún interés aparente más allá del trato profesional.

Denis, contenta ante la educación y amabilidad de Marcos aceptó su ayuda. «Verá… venía buscando algún caballo tranquilo, pero que pueda aguantar largos viajes» explicó Denis.

Marcos, que había profundizado su conocimiento sobre estos animales conocía a la perfección cada una de las características de los caballos que poseían en aquellos momentos. No tuvo ningún reparo en ir enseñándoselos a Denis y presentándoselos al mismo tiempo.

«Y este de aquí es mi favorito, se llama Raudo: es muy veloz, aguanta largas distancias pero también puede ser muy tranquilo, no suele dar problemas. Se alimenta bien y nunca ha estado enfermo. Su cuerpo es firme y duro como una roca» explicó Marcos cuando ya se encontraban en el último caballo.

Denis no pudo contener la risa al ver como el caballo intentaba comerse el pelo de Marcos. (más…)

Denis, amable, eterna belleza irrevocable. Ella era el sol del día y el azúcar de las amargas noches de soledad. Cómo no la iba a desear Marcos en sus eternos días de trabajo. La deseaba más que la luna desea la luz del sol, más que los pájaros volar, más que los peces el mar. Pero él para ella tan solo era un fantasma, menos aún, una triste silueta semitransparente que con solo un leve soplo de viento saldrá volando de la fragilidad de su presencia. En el pueblo todos la conocían, pues era inalcanzable. Cortejarla era todo un reto, toda una batalla, una guerra, en el que nunca había victoriosos. Su familia era adinerada. Provenían de un rango superior al de casi cualquiera que se acercaba a ella.

Pero él podía comprenderla mejor que ningún otro. Sabía lo que se escondía bajo esa capa de lejano hielo y escarcha. Liberación. Sabía de su gran sueño por salir (más…)