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Las horas pasaron y yo no podía parar de conducir, me alejaba de Londres. Me alejaba de todo. El sol asomó por el horizonte. Un nuevo día llegaba, pero no precisamente agradable. Mi mente se encontraba enturbiada por pensamientos difíciles de digerir. El mar de mi corazón no quería detenerse en secarse por dentro. Mi rostro era un paño de lágrimas. Tan solo era una chica que había querido ser alguien que no era, alguien con una extraña identidad en la que no encajaba. Había querido jugar con la oscuridad, hasta que me encontré con ella cara a cara y me horroricé al verla. Me di cuenta que quería paz, la necesitaba, la anhelaba.

Después de aquello no volví a Londres. Mi nuevo hogar sería Gales. Ya que después de un tiempo de haber estado trabajando para URIANS, confiaban en mí y me habían sacado el localizador y el micrófono de mi organismo, por lo que no debía preocuparme en que me buscaran.

Mi vida comenzó de nuevo. Con nuevo trabajo. Nueva casa. Todo. El aire por fin parecía más puro. Hasta que pasaron dos años.

Iba corriendo, llegaba tarde al trabajo y no podía retrasarme. Sin mirar en que el semáforo estaba en rojo para los peatones, fui a cruzar. Pero sentí que una mano agarraba mi brazo para detenerme, suerte que fue así o hubiera sido atropellada. Me giré con el corazón acelerado para darle las gracias.

—Gracias. – Dije simplemente.

Él me sonrió. Su cara me fue familiar, pero en ocasiones suele pasarnos, puede ser que simplemente me recordara a alguien que hubiera visto en mi vida pasada.

—Hay que tener más cuidado, a pesar de tener prisas. – Dijo él.

Esperamos uno al lado del otro a que el semáforo cambiara a verde. Lo miré disimuladamente de nuevo. En ese momento el también miró, sonreí con timidez. Parecía simpático. Moreno con ojos marrones como el chocolate.

—¿Sabe? Es la primera chica a la que salvo de ser atropellada.

Sonreí.

—Pues debería de estar más cerca de mí, suelo ir con demasiadas prisas a todas partes, puede que algún otro día necesite que me salven de nuevo.

Sin darme cuenta, comenzamos a hablar. Hablamos mientras cruzábamos. Hablamos durante nuestro trayecto por la calle hasta que nos separamos.

Pero desde aquel día me lo encontraba en todas partes. Por lo que me di cuenta que solía frecuentar los mismo lugares que yo, solo que nunca me había percatado en él. ¿No os ha pasado nunca? Conoces a alguien que jamás habías visto y de pronto no paras de verlo. En realidad siempre había estado frente a nosotros, solo que no nos habíamos fijado.

Una noche que salí de fiesta con unas compañeras del trabajo, caminaba con mi vaso relleno de licor, pero jamás volvió a estar relleno de whisky. Estaba hablando con mi amiga, cuando comencé a alejarme de ella andando para atrás y justo cuando me iba a dar la vuelta alguien me sujetó de pronto por el brazo, evitando que me chocara contra un camarero que llevaba una bandeja llena de vasos vacíos. Respiré con rapidez por el susto. Me di cuenta que era el mismo del semáforo.

—Vaya… gracias. Parece que te necesito siempre cerca para salvarme. – Dije entre risas.

—Eso parece. – Dijo él.

A partir de ese día, no volvimos a separarnos. Nos hicimos íntimos. Hablábamos de todo y nos contábamos todo, bueno, casi todo.

Su mirada solo para mí, no tenía ojos para nada ni nadie más. No quería que los días terminaran nunca…

Una noche tuve una pesadilla. Hacía tiempo que no tenía.

Era de noche y yo me encontraba esperando dentro de un coche. Hasta que apareció en aquella calle solitaria un joven que parecía tener mi edad. Salí sigilosa del coche y con la pistola lo golpeé con fuerza en la cabeza, pero no fue suficiente, pues él se dio la vuelta agarrando mi mano que sostenía el arma y sujetando mi cuello apretándome contra la pared. Vi su rostro apenas unos minutos en la oscuridad.

En aquel momento me desperté empapada en sudor. Mi mano tapó mi boca intentado sostener la impresión y el horror que me había provocado la pesadilla. Aquel chico que había secuestrado esa noche infernal era el mismo con el que salía en aquel momento. Él no me había visto aquella noche porque llevaba la cara tapada y yo no recordaba cómo era, hasta ese momento que lo vi en mis sueños.

Ahora me estaba acercando a la cama para dormir al lado de mi marido, el cual me ocultaba algo y todas las noches volvía tarde a casa. Pero no podía reprocharle nada, ¿cómo podría, después de ocultarle yo durante todos aquellos años que una vez lo había golpeado, amordazado y metido dentro del maletero de mi coche? Pensar y recordar de nuevo aquella revelación me hizo preguntarme por primera vez, ¿por qué quería URIANS a mi marido en aquella ocasión? ¿Debía confiar en él? ¿Conocía en realidad a la persona con la que dormía cada noche y compartía mi vida desde hacía 11 años?

Bueno, debo comunicar que esta historia se está alargando más de lo que pretendía, pero así es el mundo del escritor, si la historia sale así, pues así es. Por lo que cierro aquí la primera parte de esta misteriosa historia. Si queréis que continúe la segunda parte ¡¡DEJAR VUESTROS COMENTARIOS!! 🙂 ¡¡Animar a que siga recorriendo su camino para descubrir lo que oculta!! ^^

Mis manos temblaban. Mi alma lloraba de terror. Mi mente buceaba entre preguntas que no sabía responder. Mi corazón golpeaba mi pecho fuerte y claro, mis oídos podían escucharlo gritar.

Mi respiración empañaba el cristal de la ventana del coche, hacía frío. Era una noche lluviosa e intensa. La calle se encontraba desierta. Mientras esperaba, pensé en días cálidos; en el perro que solíamos tener en casa cuando tenía ocho años. La casa de campo que visitábamos en algunas ocasiones. Los prados… la carretera… los viajes… Pero en un viaje fue donde mis padres se marcharon para siempre, los perdí y me quedé sola. Me alejé de la poca familia que podría quedarme y me mudé a Londres.

La yema de mi dedo se acercó al cristal y dibujó en el vaho un sol. Cuando era pequeña siempre los dibujaba de la misma forma, y dentro le hacía una cara sonriente, pero ahora, esa cara era triste.

Mis recuerdos desaparecieron en el momento que apareció la persona a la que esperaba en aquella calle solitaria. Me tapé la cara para que no pudiera reconocerme y salí sigilosamente del coche. Cauta me fui acercando a un chico que sería de mi edad o algo mayor y con el mango del arma, como me habían enseñado, le di un golpe en la cabeza por detrás. Pero no lo golpeé bien. Rápidamente se dio la vuelta agarrándome la mano que sujetaba el arma. Me agarró del cuello y me apretó contra la pared. Pero antes de llegar a quitarme la tela que me tapaba la cara, le di un rodillazo en la entrepierna y a continuación, recordando todo lo que había aprendido con URIANS, le di un fuerte golpe en la cabeza y esta vez se desmayó.

Le até de manos y pies. Lo arrastré por la calle hasta llegar al coche y encerrarlo en el maletero. Debía llevarlo a una de las centrales escondidas de URIANS, la única que había conocido pero solo por fuera, nunca me habían dejado pasar. Llevaba más de un año con ellos y aún seguía sin saber en qué trabajaban exactamente.

Cuando llegué, nadie acudía a por el chico que llevaba en el maletero. Tenía prohibido entrar dentro, pero aun así, decidí pasar y avisar a alguien. Era tarde y no parecía que hubiera movimiento. La puerta de atrás estaba abierta. Los pasillos estaban desiertos. Nadie. Todo parecía estar en silencio, un silencio sobrecogedor que helaba la sangre. Aquel pasillo estaba lleno de puertas pero la única que llamó mi atención fue la del final que se encontraba enfrente. Alrededor de la puerta se llegaba a vislumbrar por las rendijas una luz azul que salía de la habitación. Por un momento mi corazón gritaba que me detuviera y continuara caminando a ciegas, pero llevaba demasiado tiempo sin ver y mi mente ansiaba saber.

Llegué hasta la puerta y giré el picaporte lentamente, la puerta estaba abierta. Suspiré profundamente y asomé la cabeza para ver que se escondía en aquella sala.

Entré lentamente, asombrada por lo que veían mis ojos. Parecía una especie de nave. Era gigantesca, con el techo demasiado alto. La luz salía de unos focos que estaban incrustados en el suelo. Una luz azul que señalaba hacia arriba. Aquellas luces se encontraban por toda la superficie del suelo, siendo así la única iluminación de la nave, creando un ambiente espectral, misterioso y escalofriante. Lo peor era lo que había escondido. Millones de especies de camillas como la de los hospitales, todas muy bien colocadas unas al lado de otras, creando filas. Encima de ellas había personas. Parecían estar dormidas. Sus mentes estaban conectadas con unos cables a un monitor. Mi cuerpo tembló, me asusté.

Una arcada me vino de pronto y sin soportarlo más, salí corriendo de aquella nave. Corrí todo lo que pude, hasta que volví a sentir el aire fresco en mi rostro. Respiré profundamente para poder digerir la imagen que acababa de presenciar mi alma.

Cogí entre mareos y sudores el coche y salí de allí. Intenté calmarme pero no lo conseguía. Volví a la calle donde había secuestrado al chico. Lo saqué del maletero y lo dejé allí en el suelo.

Entre lágrimas de dolor por darme cuenta de todo lo que había estado haciendo aquel tiempo con URIANS,  por haberme mantenido ciega, y ahora, la visión se había aclarado.

No hizo falta saber más para darme cuenta que el camino de aquel rumbo había llegado a su fin.

Adiós Sam, pensé entre lágrimas mientras mi corazón se alejaba de él.

¡¡Capitulo 13 Próximamente!!

Sus manos bailaban por el contorno de todo mi cuerpo, como si nadaran en una suave marea llena de pétalos de rosas, donde la suavidad podía palparse con una dulce caricia. Su aliento podía percibirlo alentando a mi piel, erizándola de placer. Y su mirada… sí, su mirada era capaz de detener todos mis sentidos, la encontraba frente a la mía y se adentraba en mi interior como una fuerza sobrenatural incapaz de controlar. Y entonces, todo iba surgiendo como un sueño repleto de fragancias, sonidos y movimientos.

Fueron unos días mágicos y tiernos. Pasábamos todo el tiempo que podíamos juntos. Los silencios eran muy normales entre nosotros, pero para qué romperlo con palabras sin sentido, preferíamos la armonía y plenitud del silencio que nos unía como dos polos opuestos de un imán.

No volví a ver a K.V., ni a saber nada de COVIQ. URIANS me dio el permiso de dejarlo pasar, ya que averiguaron gracias a mí que no eran nadie a quién temer. Fue un alivio, pues cada día me sentía peor por mantener amistad con K.V., por lo que desapareció de mi vida.

Pero Sam volvió a marcharse pronto y de qué forma, simplemente una mañana desperté y ya no estaba. Una nota de pocas palabras me encontré.

“Mira por la ventana”

Me acerqué y miré. Era una mañana soleada y hermosa, y supe que se había marchado sin fecha de vuelta. Pero sabía que él seguía conmigo. El aire de aquella mañana acercaba su presencia hasta a mí.  A partir de ese momento los días parecían cada vez más largos. Pero Sam era más dulce de lo que hubiera imaginado. Cada día encontraba una carta nueva en mi buzón. La primera simplemente llevaba escrita la palabra:

“Sonríe”

Y sin darme cuenta y sin ser consciente sonreí al leerla. La segunda carta que recibí decía:

“Mira al cielo”

Era algo que solía decirme cuando pasábamos tiempo juntos. Decía que a veces olvidamos mirarlo y que cuando más solos nos sentimos es cuando hay que alzar la mirada hacia arriba para saber que estamos bajo el mismo techo que la otra persona a la que echamos de menos.

Normalmente sus cartas eran escuetas y de pocas palabras, como lo era él. Pero siempre sabía las palabras que debía escoger para que al leerlas me hicieran sentir mejor. Debo decir que una de sus cartas que más me hizo sonreír fue en la que decía:

“Jill…”

Cuando la leí, sentí su voz susurrando en mi oído, fue una carta especial y mágica, con tan solo una palabra, logró que lo percibiera a mi lado. Pero el tiempo pasaba y cada vez los días se alejaban más y más del último que había estado con él. Cada segundo que pasaba se volvía más insoportable que el anterior. Pero su misión le prohibía tener contacto conmigo en persona o por teléfono, incluso por carta era arriesgado, pero aquello no lo hubiera aguantado y se arriesgaba con las cartas.

Un día recibí una carta que decía:

“Pide un deseo”

Y aquel deseo se cumplió… Al siguiente día de llegar su carta él regresó a mi lado. Apareció igual que se había ido y volvimos a mirar el cielo uno al lado del otro, en silencio.

Pero aquella noche me hizo una pregunta extraña, porque jamás se había interesado por mi pasado, en realidad, ninguno de los dos conocíamos nada del pasado del otro. Pero aquella noche me hizo una pregunta que jamás podré olvidar.

—¿Qué te ocurrió? – Preguntó estando tumbados en la cama.

—¿Qué me ocurrió cuando? – Pregunté yo.

—Que te pasó para que terminaras metida en algo así.

Por un momento no supe responder. Nunca me habían hecho esa pregunta y nunca había hablado de mi pasado con nadie antes. Recordarlo después de tanto tiempo hacía que me pareciera un sueño.

A menudo la gente se interesa por tu pasado, ¿por qué? Se supone que es para conocer más sobre ti, conocerte mejor… comprenderte… pero qué importa, uno jamás volverá a ser el mismo que fue en un pasado, ni siquiera el del presente será el mismo que en un futuro, ¿por qué entonces ese interés? Lo único que puede pasar es que la visión que tengan de ti en ese momento cambie. Sam esperaba pacientemente mi respuesta.

—¿Qué importa lo que me ocurriera? – Respondí.

Pero puede que a alguien le interese realmente tu pasado, no solo por el pensamiento de conocerte mejor.

—Me gustan las historias, y sin pasado no la habría, ¿verdad? – Dijo él.

Medité su respuesta y sonreí. Pero como entre nosotros no éramos da dar demasiadas explicaciones, resumí mi pasado en pocas palabras.

—Perdí una vida. Perdí a una persona. Y perdí el rumbo de mi camino.

En ocasiones, lo breve siempre dice más que lo extenso y Sam comprendió a la perfección mis palabras sin necesidad de ampliar.

Me abrazó fuerte y me dio un suave beso sobre el cabello.

—Pero te fuiste por el camino equivocado, no pienso que éste sea el tuyo.

En ese momento lo miré a los ojos.

—No estoy totalmente de acuerdo, en este camino te he encontrado a ti, puede que simplemente sea un desvío que debía coger durante un tiempo.

Pero él suspiró y miró para otro lado.

—¿Qué ocurre? – Pregunté yo.

—Debiste haberte alejado cuando te advertí. La organización me ha encargado una tarea para ti.

—¿Qué tarea? – Pregunté.

Sí, no podía reprocharle nada a mi marido, yo también le ocultaba muchas cosas que había hecho en el pasado, en la época en la que Sam estaba conmigo.

Mi marido había sido muy bueno siempre, pero ahora… parecía nervioso, ausente, distante… apenas se fijaba en mí. ¿Pero qué podía decirle? Le ocultaba algo mucho peor que lo que él pudiera estar haciendo… ¿Debía creerle y confiar más en él?

No podré olvidar la tarea que me encomendó URIANS… y yo ciega por un amor peligroso… actué y acepté la misión.

¡¡Capitulo 12 Próximamente!!

Mi marido volvió después de la discusión. Lo había estado esperando despierta, pero como de costumbre, pasó por delante de mí sin dirigirme ni una mirada. Pero yo escondía demasiadas cosas como para poder reprocharle nada y aun así, en ocasiones lo hacía. Mi mente volvió a recordar días pasados, hasta que se detuvo en un día y el canto que hacía resonar mi voz aquella noche resonó en mis pensamientos…

Había pasado un año desde la ida de Sam. Para poder aparentar una vida normal, había buscado un trabajo con el que poder estar de cara al público. Siempre se me había dado bien cantar, por lo que trabajaba en un local de copas de alto standing, cantando durante la noche a los clientes que allí acudían a disfrutar de la buena bebida y de un ambiente fino, elegante y agradable.

Helada es tu mirada y tu corazón.

Volemos juntos en una danza que solo nosotros entendamos

Aférrate a mi alma tan fuerte como un huracán o terremoto

Pero jamás acaricies el deseo de besarme, pues mis labios son peligrosos

Dale patadas al aire y gira alrededor de un rumbo sin sentido

Despliega las alas de tu amor y elévalo hasta a mí… elévalo hasta mí…

No temas a la muerte, teme lo que vivas,

No desates mareas de lágrimas

Por amores que solo se quedan en el deseo

Corre por lunas oscuras y descubre las estrellas

Pero jamás acaricies el deseo de besarme, pues mis labios son peligrosos

Dale patadas al aire y gira alrededor de un rumbo sin sentido

Despliega las alas de tu amor y elévalo hasta a mí… elévalo hasta a mí…

En aquel momento, como si de un fantasma o aparición se tratara, la figura de Sam apareció al fondo del local. Yo no podía detenerme y continué con la canción…

Vuelve conmigo,

Y desafiemos juntos al camino del desierto,

la agonía, la tristeza y la desesperación

destruyamos fronteras que solo el cielo puede derribar

Pero jamás acaricies el deseo de besarme, pues mis labios son peligrosos

Dale patadas al aire y gira alrededor de un rumbo sin sentido

Despliega las alas de tu amor y elévalo hasta a mí… elévalo hasta a mí…

Y dirígeme tu mirada helada…

Sam se quedó de pie a ver de terminar mi actuación. Aún no podía creer que estuviera allí, en el mismo local viéndome de cantar. Me dirigió un gesto con la barbilla y señaló con la mano que me esperaba fuera.

Nada más terminar mi actuación, bajé del pequeño escenario que había en el local y sin ponerme nada para protegerme del frío de la calle, ya que llevaba un fino vestido largo y elegante con los hombros al descubierto, salí fuera. Deseaba hablar con él, escuchar su voz, ver de nuevo su sonrisa que tan solo me había dado el privilegio de verla en un par de ocasiones… no tenía tiempo que perder.

Era una noche fría y tranquila. El aire era seco y quebradizo, la piel tendía a llenarse de finas grietas. Los labios se volvían ásperos y la boca parecía quedarse sin nada para humedecerla.

Salí del local pero no lo hallé, miré para todos lados hasta que vi asomar un brazo del callejón que había tras el local, me acerqué y ahí estaba. Sorprendentemente lo primero que me dedicó fue una fina y dulce sonrisa.

(Dale a reproducir al video y continúa leyendo ^^)

Abrí la boca en varias ocasiones para hablar pero las palabras se habían esfumado. Había soñado con verlo durante todo aquel año que no había sabido nada de él y ahora sentía estar en el mismo sueño que me había perseguido cada noche. Pero sentía aún el cristal entre los dos, aquel fino y a la vez grueso cristal, que tan solo se había quebrado un poco de forma interna, pero aún persistía, podía verlo, podía sentirlo.

—No deberías de haber salido así a la calle, cogerás frío. – Dijo Sam quitándose la gabardina y colocándola sobre mis hombros.

Entonces se quedó muy cerca de mí, tan cerca que podía sentir su calor rozar mi piel. Una lágrima cayó recorriendo mi rostro.

—¿Por qué tenías tantos deseos por saber mi verdadero nombre? – Me preguntó.

No entendía que después de un año sin vernos, me hiciera aquella pregunta. Pero respondí.

—Porque un nombre nos define. Es el nombre con el que nos definen nuestros padres al nacer. —Mi voz temblaba de frío.

Se acercó a mi oído y susurró:

—Jill… – Dijo Simplemente.

Mis ojos se cerraron, era la primera vez que mi corazón escuchaba pronunciar mi nombre de sus labios.

Su voz continuó susurrando mi nombre a la vez que su cara rozaba la mía. Dulce, atrayente, su voz mecía mi corazón, lo calmaba, lo besaba, lo velaba, lo protegía. Conseguía curar aquella tristeza que había aguantado todo aquel tiempo. Sus brazos fueron rodeándome lentamente mientras continuaba susurrando mi nombre, para que solo pudiera escucharlo yo, para que fuera íntimo y fugaz, para que solo pudiera definirme él. Hasta que terminó abrazándome y de pronto comenzó a tararear en silencio, solo para nosotros dos la canción que momentos antes cantaba en el local. Copos de nieve caían en aquel momento del cielo para hacerle sentir cálido a mi corazón. Sam comenzó a dar vueltas lentamente conmigo abrazada, mientras continuaba tarareando.

Por fin Sam había vuelto para rescatarme de las crueles garras de la oscuridad. En aquel momento, el cristal que nos había mantenido separados se quebró por completo.

¡¡Capitulo 11 Próximamente!!

No sabía que los días que seguirían serían solitarios y dolorosos. Sam se había ido. URIANS lo había enviado a otro país para una tarea que le habían encomendado. No se había despedido de mí. Aquella noche después de los negocios con El Coyote, me había revelado su nombre y me había advertido de lo peligroso que era que continuara con todo aquello, pero a pesar de sus palabras me había quedado. Obviamente me sentía perdida y no sabía hacia dónde dirigirme. K.V. empezaba a confiar en mí. Pero lo cierto era que todavía no habían sospechado de la falsedad de la información que les proporcionaba. Era cierto, debía escapar ahora que podía. Pero por ahora no pensaba hacerlo.

Aquella última noche que había visto a Sam, después de sus palabras de advertencia, se había dado media vuelta y se había alejado de mí bajo la lluvia de aquella noche con aurea peligrosa.

Durante la ausencia de Black Angel, URIANS me enseñó a ser mejor espía, a esconderme, a coger agilidad, a pasar por lugares insospechados y conseguir incluso abrir cerraduras sin llave. Hasta que finalmente me convertí en alguien completamente distinta de lo que había sido, dejando mi pasado, mi persona, todo atrás, destruyendo y dando la bienvenida a una persona que jamás hubiera imaginado convertirme.

Miro por la ventana del abismo de las profundidades de mi persona, ya no lo temo, lo desafío. Miro hacia la altitud del cielo que nos cubre y sonrío. Intento contener pensamientos y lágrimas que amargan mi corazón en los momentos que me desentiendo de él. Pinchazos que sufre en el silencio del cruel tormento al que lo someto cuando pienso en él y me doy cuenta, que el cristal que nos separaba no había llegado a quebrarse antes de su ida. El tiempo pasa lento, demasiado lento. Observo las lágrimas de rocío que sostienen las hojas de los árboles, los parques, las farolas… El sol se ocultó hace tiempo y teme volver a salir, pero mi alma se oscureció en algún momento que no consigo recordar y ahí está, asomando por la cara oculta de la luna de la mirada indiscreta de mi turbio corazón humano.

Escucho resonar el bom bom de tambores constantes por las calles que camino, por los locales que visito… ¿Podrá ayudarme alguien? Pregunto.

¿Dónde estás Sam? Vuelve pronto.

 

¡¡Capitulo 10 Próximamente!!

Me sentía como si caminara sobre un suelo de cristal a gran altura del suelo, en el que si no iba con cuidado, podría romperse. Pero entonces miraba al frente y lo veía a él, me acercaba y estiraba el brazo para que mi mano llegara a rozarlo, pero justo antes de llegar, un cristal nos separaba, como si jamás pudiera llegar hasta él. Así era como realmente se sentía mi corazón cuando estaba a su lado.

Nos esperaba una tarea complicada. URIANS quería hacer tratos con alguien poderoso y adinerado. Pero parecía ser que no se fiaba de nadie que no tuviera esposa, según él decía, el que no es capaz de mantener una mujer a su lado no es alguien digno de confianza y fidelidad. Black Angel había sido el elegido para ello y yo la elegida por él. Debería de sentirme alegre porque me hubiera escogido, pero lo cierto era que no lo estaba.

La persona a la que íbamos a ver se le conocía como El Coyote. Nos encontraríamos con él en un local donde sus bailarinas no se detenían en mostrar sus coreografías sensuales a sus clientes. Me sentía incómoda en aquel lugar, pero había que centrarse en lo importante.

Se trataba de un hombre más mayor, corpulento, con mentón ancho y pronunciado.

—Bienvenidos a mi humilde morada. – Dijo El Coyote, soltando una sonora carcajada a continuación.

—Siempre escondido bajo un techo y cuatro paredes de codicia, nunca cambiarás. – Dijo Black Angel.

Enfrentaron sus miradas durante unos segundos y después rieron juntos.

—Black Angel, eres un diablo. – Dijo de buen humor. – Hace tiempo que no hago negocios con nadie, pero antes de nada, ¿quién es esta bella joven? – Dijo El Coyote posando su mirada en mí.

—Te presento a mi mujer, Crow Dark.

—Un placer. – Dijo tendiéndome la mano para estrecharla con la mía.

—Igualmente señor Coyote. – Sonreí.

—No sabía que te habías casado. ¿Cuándo fue? – Preguntó El Coyote.

—Hace dos meses, fue algo discreto. – Respondió Black Angel.

La reunión se mantuvo tranquila, estuvieron charlando de temas que no entendía e incluso en alguna ocasión bajaron la voz y no llegué a escuchar de lo que hablaban. A medida que pasaba el tiempo tenía más interés en saber lo que hacía exactamente URIANS.

—Pero hazle más caso a tu mujer, que la tienes aburrida. – Escuché decir de pronto a El Coyote, pues hacía rato que había desistido por intentar escuchar. —Parece que no estáis muy unidos. —Dijo mirando con algo de desconfianza.

Sin esperarlo, Black Angel me cogió y me dio un beso como si no hubiera un mañana. Intenté disimular mi impresión, aunque en mi interior no lo conseguí, se habían alterado todos mis sentidos y ahora estaban descontrolados de tal modo que mi corazón no podía con ellos.

—No pienses así, ahora estamos hablando de negocios y a ella no le interesa estás cosas, pero fuera de trabajo no sé vivir sin ella.

Sonreí con disimulo, por un momento pensé que se estaba pasando con la farsa. Sabía que todo aquello no era cierto, simplemente una escena más de actuación, otra más de las muchas que ya había tenido que representar. La reunión terminó y El Coyote quedó satisfecho con el trato que habían acordado.

Black Angel y yo nos fuimos caminando bajo el cielo nocturno donde las estrellas habían desaparecido por una capa de nubes, pero dejando ver a la luna, como si ella las guiara, como si fuera su jefa y las nubes guardaran culto a su alrededor. Una luz peligrosa y mágica parecía desprender la luna aquella noche, una luz blanca con tonos morados, contorneando las nubes creando una noche diferente. Fría, ardiente, oscura, sibilante acariciaba mi cara advirtiéndome en silencio de algo que solo ella parecía saber.

Caminábamos uno al lado del otro en un sepulcro silencio. Aquella noche me había puesto lo más bella que había sido capaz, con mis labios con carmín rojo, una mirada penetrante retocada con negro y mi melena suelta con tirabuzones caídos, pero no parecía ni fijarse.

—¿Cómo te llamas? – Pregunté de pronto.

Él me miró sorprendido.

—Ya lo sabes. – Dijo como algo obvio.

—No, me refiero a tu verdadero nombre. ¿Cuál es?

Él simplemente dio una carcajada. En aquel momento comenzó a llover. Me puse rápidamente la gabardina sobre la cabeza. Black Angel se detuvo.

—¿Por qué te detienes? Está lloviendo a mares. – Dije nerviosa, pues la lluvia cada vez era más fuerte. – Bueno, pues empápate, yo me largo.

—Mi nombre es Sam. – Dijo de pronto, lo que hizo que me detuviera.

Di media vuelta mirándolo, sintiendo como el cristal que nos separaba, de pronto parecía rajarse un tanto a punto de quebrarse por completo.

—¿Y el tuyo? – Me preguntó.

La lluvia apenas me dejaba ver, interponiendo los mechones frente mis ojos.

—El mío es Jill.

Se fue acercando a mí hasta quedar a unos centímetros de mi cuerpo. Alzó su mano y apartó los mechones de cabello de mis ojos.

—Deberías irte y abandonar esta ciudad. – Dijo sin esperarlo.

No comprendí porque me decía aquello.

—¿Qué? ¿Por qué?

Me miró con su mirada helada y acarició mi rostro con la yema de sus dedos.

—Porque si continúas con nosotros, terminarás destruyéndote, sobre todo, si continúas acercándote a mí. Yo ya no puedo irme, pero tú aún puedes salvarte.

Mi corazón se asustó al escuchar sus palabras de advertencia.

¡¡Capitulo 9 Próximamente!!