Diario de un Corazón Muerto (Parte XIII)

Publicado: 5 mayo, 2016 en El Diario de un Corazón Muerto
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15/09/2009, De vuelta en el final

Querido diario, te pido perdón, he estado mucho sin escribirte, tanto, que no soy capaz de creer que haya pasado de verdad todo este tiempo.

Me cuesta asimilar que los días pasen tan rápido, cuando apenas hace unos meses parecía haberse detenido el tiempo y no avanzar.

Hoy, por fin, he decidido relatarte la muerte de Mario. Creo que es justo dejarle un espacio entre tus páginas para ese momento que a la vez que doloroso… fue un instante puntual en mi vida importante que jamás podré olvidar. No quiero… no quiero… no puedo olvidarlo, sería injusto. Es un suceso que cuenta el final de su vida, no podría ignorarlo, porque todos merecemos tener uno, sea como sea, por inesperado o triste, nadie merece que se olviden de su final.

Por dónde empezar… quiero poder expresar todo tal y como sentí y sucedió, pues quiero dejarlo grabado en palabras.

Cierro los ojos y puedo verlo de nuevo. Estábamos de vacaciones. (Sé que voy a llorar escribiendo todo esto, pero no me importa, no me importa llorar una vez más la muerte de Mario). Como decía… estábamos de vacaciones en la costa. Siempre habíamos tenido muchas ganas de hacer buceo, nos había maravillado descubrir la magia bajo el agua del mar… Y aquel día estábamos felices porque, por fin, íbamos a cumplir uno de nuestros sueños juntos.

Nos sentíamos nerviosos y emocionados a medida que prestábamos atención de cómo ponernos el traje de buceo. Nos acompañaría un profesional.

Con nuestras ilusiones, una vez tuvimos el traje con su respectiva botella de oxígeno puesto correctamente, nos dirigimos a la zona que nos sumergiríamos. Aún recuerdo muy bien su última sonrisa antes de entrar al agua.

Todo iba bien, iba más que perfecto… estábamos disfrutando. Podíamos ver peces de muchas clases diferentes. Plantas marinas preciosas. Rocas con formas y colores de lo más curiosas… realmente maravilloso. Al principio fue incómodo al sentir la presión del agua, los oídos se taponaban, pero una vez te acostumbrabas era agradable ver aquella belleza oculta bajo el agua.

Pero… unos metros más debajo de mí… vi cómo Mario parecía tener problemas. Bajé tan rápido como pude. Busqué a nuestro guía y no lo encontré. Asustada, vi que Mario tenía atascada una de sus aletas entre unas rocas y entonces me señaló su botella de oxígeno, por alguna razón lo estaba perdiendo con mucha rapidez, como si tuviera una fuga. El horror me invadió y miré a mi alrededor desesperada de nuevo para encontrar al guía, pero seguía sin aparecer. Llena de nervios, quise dejarle que cogiera de mi oxígeno, pero por más que insistí no me dejó. Llegó un momento en que él ya no tenía fuerza, pues ya apenas parecía que pudiera respirar. Grité dentro del agua inútilmente sin que nadie pudiera escucharme. Loca de desesperación, tiré con toda la rabia y miedo que fui capaz de la pierna de Mario, hasta que finalmente la aleta salió de entre las piedras. Tiré de él hacia la superficie. Las lágrimas ya salían de mis ojos, queriéndose mezclar con el agua del mar.

Cuando por fin llegamos a la superficie, me quite las gafas y el tubo de oxígeno de la boca y grité para que nos socorrieran. Enseguida unos hombres que se encontraban cerca corrieron para ayudarnos a salir del agua. Una vez estuvimos en tierra, todo sucedió muy rápido, prácticamente no era consciente de lo que pasaba. Vi a Mario tumbado en el suelo sin moverse. Le hicieron sin perder tiempo la respiración boca a boca pero… no reaccionaba. Cubierta en lágrimas, cuando supe que ya no había nada que hacer… cuando mi corazón sintió que había muerto como el de Mario… aparté a la gente y arrodillándome a él lo abracé. Aunque sabía que ya no podía sentir mis brazos dándole calor… aunque sabía que ya no podía escuchar mi voz, ni siquiera escuchar mis latidos, pues en ese instante se habían detenido con los suyos… Sí… el último recuerdo que tengo con Mario es sostenerlo muerto entre mis brazos…

Miré su rostro dormido y recordé la sonrisa que me había dedicado un momento antes de sumergirnos en el agua… su última sonrisa.

Nadie supo nunca porque no estaba el guía con nosotros cuando ocurrió aquello. También descubrieron que el traje de Mario estaba defectuoso, no lo habían revisado bien. La empresa fue demandada. No sé qué ocurriría después, pues no tenía fuerzas ni ganas de volver a saber nada más de ellos. Y así… fueron pasando los meses con mi corazón sin vida, hasta que por fin un día me atreví a escribirte, diario de mi corazón muerto.

Creo que por hoy es suficiente, esto ha sido lo más intenso y doloroso que te he escrito, por lo que volveré a escribirte otro día.

Querido diario, cuida bien de su final.

Te dejo esta frase:

“El final de cada uno es como el de un libro… a veces se espera cuál va a ser… pero en la mayoría de las veces ocurre algo inesperado, todos acabaremos dormidos para siempre.

 

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