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25/06/2009, Una estrella fugaz

Han pasado ya dos semanas desde la última vez que te escribí.

Últimamente he pensado demasiado… en varias cosas: en Mario…, en Julio…, en mí… Han pasado seis meses desde su muerte, pero aún tengo anclado a mi corazón y mis recuerdos aquel día como si hubiera ocurrido ayer.

He caminado estos días por las calles como si estuvieran desiertas. Realmente no me importaba mi entorno.

He salido al campo a correr y a gritar. Me he tumbado en un prado a observar las estrellas en la noche, como solía hacer con Mario… Teníamos la costumbre de pedir deseos cuando veíamos una estrella fugaz, como muchas otras personas hacen.

Las estrellas alumbran mi oscuridad…

El papel que me dejó Julio con su número, lo he mirado tantas veces que podría haberlo desgastado con los ojos.

A veces creo escuchar ecos de cantos a mi alrededor. A veces creo escuchar a mi corazón decir…: Estrella, hazme latir con más fuerza, como en el pasado solías hacer.

Estrella… ¿te he contado alguna vez por qué me pusieron ese nombre mis padres? Creo que no… Puede que por esa razón sea tan apasionada al cielo nocturno iluminado. Nací en el famoso día de la Lluvia de Estrellas, las Lágrimas de San Lorenzo. Y no me pusieron estrella fugaz porque a mi padre ya le pareció demasiado. Mi madre ha sido siempre muy extravagante para algunas cosas, pero al final mi padre la convenció para que solo me quedara con Estrella.

Adoro mi nombre. Creo tener un cielo nocturno en mi corazón. Mi nombre ilumina a veces la oscuridad de mi interior.

Anoche estuve de nuevo observando el cielo. Tenía el móvil en la mano y pensaba… ¿qué hago? Mi corazón se volvía a acelerar con tan solo pensar en llamarlo. Recordaba muy a menudo la sonrisa que me dedicó… cuando me secó las lágrimas en la azotea… pero sin poderlo remediar se mezclaban con los recuerdos de Mario y la idea de llamarlo desaparecía. Pero anoche… pensé: cielo, si piensas que llamarlo ayudará a mi corazón a vivir… dame una señal. Y ahí estaba… una estrella fugaz cruzó el cielo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Sentí que aquella estrella había sido Mario, iluminando mi camino lleno de tinieblas.

Querido diario, he decidido llamar a Julio. No se lo he comentado a mi psicólogo, tampoco a Nerea. Esta vez quiero ser yo sola quien tome la decisión de mi corazón, de mis actos para seguir avanzando hacia el futuro.

Espero escribirte pronto y contarte todo lo que ocurra.

Te dejo esta frase:

“Sintiendo mi oscuridad una estrella fugaz me la iluminó.”

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