(Parte 4) La Última Canción

Publicado: 9 noviembre, 2015 en La Última Canción
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Pido perdón por el retraso. Pero estoy terminando los últimos detalles de mi libro, que pronto saldrá a la venta y dios… mucho estrés, mucho trabajo. No he tenido tiempo para el blog. Pero hoy os traigo una nueva parte de esta preciosa historia de amor.

Por si alguno está un poco frío después de tantos días, y necesita refrescar la memoria con lo anterior, haré un breve resumen de lo que ha pasado hasta ahora entre Carlos y Denis.

Por fin Carlos consiguió hablar con ella, después de años de observarla, de suspirar por el amor que sentía hacia Denis, por fin un día trabajando en el establo al que dedicaba unas horas a la semana para ganar un dinero extra, Denis apareció pidiendo información sobre los caballos que allí se encontraban. Por primera vez sus miradas se cruzaron. A partir de ese día, Denis siempre buscaba cualquier momento para hablar con él, para verlo. Lo visitaba a menudo al establo y pasaban horas hablando. El padre de Denis no aprobaba la amistad con él, ya que ellos pertenecían a una clase de sociedad alta y Carlos a una baja. Un día, Denis apareció desesperada en el establo y pidió a Carlos que se escondiera con ella en el granero, pues su padre la buscaba furioso. Cuando su padre por fin desapareció, el acercamiento de Carlos hacia Denis encendió aún más la llama que les invadía a ambos y por primera vez se besaron y se abrazaron. Después, poco a poco, Denis fue apareciendo menos y cuando él le preguntaba por qué pasaba tantos días sin aparecer, ella siempre respondía lo mismo: he estado ocupada. Hasta que un día, ya no volvió a verla.

Bueno, hasta aquí todo lo que había ocurrido. Veamos ahora cómo continúa ésta historia. 🙂

Había pasado ya más de un mes y Denis no había vuelto a aparecer. El corazón de Carlos sufría. Recordaba cada mirada, sonrisa, suspiro de ella y cada día se hacía más y más largo. Observaba las calles con el corazón en un puño; deseando verla aparecer por cualquier esquina, detrás de cualquier puerta; salir de cualquier bar, restaurante, tienda…. No podía creer que de verdad no pudiera volver a verla… Se había esfumado de la misma forma que había llegado: de repente.

Carlos tenía un cobertizo en el establo. Estaba acomodado con una cocina vieja, pero en la que aún se podía cocinar. Una cama y un baño deteriorado. Aquella noche estaba agotado. Las fuerzas parecían querer desvanecerse. Cuando de pronto llamaron a la puerta. Carlos no esperaba a nadie y menos por aquellas horas de la noche.

Cuando abrió la puerta, ahí estaba ella. Deslumbrante como siempre. Con un vestido pomposo y elegante, propios de la alta clase. Carlos no dijo nada al verla. Mantuvieron el contacto de sus miradas unos segundos y después él dio media vuelta dejando la puerta abierta para que ella pasara y se fue acercando hasta la cama, para sentarse y quitarse los zapatos. Le dolían los pies y estaba realmente cansado.

«¿Qué haces aquí?» preguntó Carlos.

Estaba molesto y no mostró ninguna alegría al verla.

«Te pareceré una de esas jovencitas caprichosas que se olvida y se deshace de ti cuando se aburre» respondió Denis sin poder mirarlo a la cara.

«Me pareces una mujer encadenada a una vida que no desea» dijo Carlos.

Denis lo miró con una lágrima recorriéndole la mejilla. Carlos se acercó a ella y la abrazó. Denis cerró los ojos para sentir mejor aquel abrazo que había echado tanto de menos todo aquel tiempo que habían estado separados. Entonces escuchó la voz de él susurrarle al oído.

«Déjame mostrarte los secretos de la noche y las canciones de amor de la luna» le dijo Carlos.

Salieron corriendo al campo y se colocaron en medio de toda una siembra y allí se tumbaron. La noche estaba estrellada. Se podían escuchar los grillos cantar. Y la luna estaba llena. Hablaron, como si nunca hubieran estado separados.

Cuando volvieron al cobertizo, la pasión de ambos se desató. Él la acariciaba con dulzura. No sabía muy bien si era un sueño o real, había soñado tantas veces con aquel momento… que no sabía ya diferenciarlo. Los labios de Denis recorrieron cada centímetro del cuerpo de Carlos. El cuerpo de Denis vibraba. Hasta que agotados se quedaron dormidos.

Cuando Denis despertó, encontró a Carlos despierto, un poco incorporado apoyado en la cabecera, para no estar totalmente tumbado y mirando hacia la ventana.

«Voy a casarme» fue lo primero que dijo Denis.

Carlos no respondió de inmediato y tampoco la miró.

«¿Y tú estás de acuerdo?» preguntó por fin él.

«Eso no importa».

«Pues debería» dijo Carlos algo más molesto.

Denis suspiró.

«En mi familia siempre han buscado a hombres adinerados que pudieran asegurarnos un futuro en el que no pasar miserias y calamidades» explicó Denis.

«¿Y los sentimientos?» preguntó Carlos.

«Eso… jamás sale a la luz. En mi familia mueres amando en silencio y a distancia» dijo Denis con dolor.

Un silencio largo se hizo entre los dos, hasta que Carlos por fin lo rompió.

«Entonces nosotros…» dijo sin llegar a terminar la frase.

«Tiene que terminar. Vine anoche para despedirme» dijo Denis. «Pero me gustaría que esta noche vinieras a la fiesta que harán en la plaza. La inician con un baile y se cierra con la última canción a la una de la madrugada, me gustaría poder bailar esa última canción contigo» pidió Denis.

Carlos se levantó de pronto enfadado. Se vistió y se dirigió hacia la puerta.

«Cásate con quién quieras y a mí déjame en paz» dijo Carlos furioso antes de salir por la puerta dando un portazo.

Denis lloró en silencio.

Carlos se acercó hasta el establo y visitó a los caballos. Recordó el día que apareció ella por primera vez allí, preguntando por los caballos. Sin poderlo soportar le pegó un puñetazo a una pared de madera, consiguiendo hacerle un agujero y haciéndose sangre él en el puño. Al rato cuando volvió al cobertizo, Denis ya no estaba. Pero aún podía despedirse por última vez de ella con la última canción del baile de esa noche.

Llegó el momento de la fiesta de la plaza. Denis estaba nerviosa, pero sabía que Carlos tenía que trabajar y que hasta la última canción no tendría oportunidad de acudir. Durante la fiesta estuvo ausente, la discusión de aquella mañana no le había dejado bien. Pero ella estaba segura que acudiría aquella noche, para poder bailar la última canción con ella y cerrar la fiesta… terminar con todo.

Carlos estaba preparando lo último que el Señor Cervigón le había pedido. Aunque se había dicho a sí mismo de no acudir al baile, no podía evitar querer verla por última vez. Por lo que finalmente había decidido acudir. Pero justo cuando ya recogía para marcharse, el Señor Cervigón se desmayó, desplomándose en el suelo.

Desesperado intentó despertarlo pero no pudo. Intentó moverlo para llevarlo a su habitación y colocarlo sobre la cama, pero pesaba demasiado. Llamó rápidamente a un médico. Quince minutos después el médico apareció y llevaba con él a otros enfermeros para ayudar a llevar al Señor Cervigón a la cama. Le dieron permiso a Carlos para poder marcharse.

Carlos corrió todo lo que pudo. Aún no era demasiado tarde, tal vez se habían retrasado un poco y aún no había empezado la canción.

Cuando llegó a la plaza casi asfixiado miró por todas partes. La música no sonaba, tal vez aún no había comenzado la última canción del cierre. Miró por todas partes. Por un momento pensó que no estaba. Pero entonces vio su silueta sentada a un lado de la plaza. Se acercó precipitadamente a ella.

«¡Denis!» la llamó.

Pero ella no se giraba. Cuando llegó hasta Denis… no era ella. Pidió perdón por la confusión y continuó buscándola. Pero la última canción ya había terminado y ella se había ido.

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