(Parte 2) La Última Canción

Publicado: 23 octubre, 2015 en La Última Canción
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Marcos sintió un deseo casi frenético de tenerla cerca. Los labios delgados y sonrosados de ella parecían beber de la tibia brisa que en aquellos momentos ondulaban su cabello. Sus ojos grandes y de color miel endulzaban la mirada de Marcos hasta el punto de querer asomar unos colores de rubor en sus mejillas. Pero no quería parecer como todos los demás. Mantuvo la compostura como si se tratara de cualquier otra ciudadana. «El dueño no se encuentra aquí en estos momentos, pero si puedo atenderle yo, lo haré con gusto» dijo Marcos de forma amable y sin ningún interés aparente más allá del trato profesional.

Denis, contenta ante la educación y amabilidad de Marcos aceptó su ayuda. «Verá… venía buscando algún caballo tranquilo, pero que pueda aguantar largos viajes» explicó Denis.

Marcos, que había profundizado su conocimiento sobre estos animales conocía a la perfección cada una de las características de los caballos que poseían en aquellos momentos. No tuvo ningún reparo en ir enseñándoselos a Denis y presentándoselos al mismo tiempo.

«Y este de aquí es mi favorito, se llama Raudo: es muy veloz, aguanta largas distancias pero también puede ser muy tranquilo, no suele dar problemas. Se alimenta bien y nunca ha estado enfermo. Su cuerpo es firme y duro como una roca» explicó Marcos cuando ya se encontraban en el último caballo.

Denis no pudo contener la risa al ver como el caballo intentaba comerse el pelo de Marcos.

«También debo confesar que es bastante bromista» dijo Marcos apartando con cariño la boca de Raudo de su cabeza.

Denis se quedó por un momento fija en la mirada de Marcos. Una mirada amable y dulce. Raudo, que quería ser aún más travieso, le dio un ligero empujón con el morro a Marcos por la espalda provocando que se chocara contra la señorita Denis y ambos cayeron al suelo entre la paja.

«¡Lo siento!» se disculpó apresuradamente Marcos separándose de ella con rapidez y ayudando a levantarla del suelo.

A Marcos le sorprendió la increíble suavidad de sus manos. Su piel era como el fino tacto de un jarrón hecho por las manos artesanas más finas y delicadas del mundo.

«¡Raudo!» dijo enfurecido al caballo. Denis volvió a reír, aquella situación le parecía realmente divertida. «No importa… eh… ¿cómo es tú nombre?» preguntó Denis.

«Marcos» respondió él. Ella sonrió. «Muchas gracias por la visita Marcos, pensaré en qué ejemplar llevarme y volveré en unos días. Espero que volvamos a vernos» terminó diciendo Denis. Ella ya se alejaba cuando antes de perderse del todo se volvió para decir una última cosa: «Por cierto, prometo no decir nada de lo bromista que es Raudo a ningún futuro comprador, no creo que a nadie le guste que le coman el pelo» dijo ella de forma confidente y divertida.

Marcos lo sintió. Sintió aquella complicidad que había anhelado siempre.

«Eres un picarón Raudo, pero debo darte las gracias. ¿Sabes? Esa mujer que acaba de marcharse, es la mujer que amo» le dijo Marcos al caballo acariciándole la crin.

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