Una Despedida Llena de Frescor

Publicado: 18 agosto, 2015 en Escritos
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Miro por la ventana aquellos aterradores días en los que tuve que estar solo. Desconsuelo, desolación. Mil lágrimas caídas para el silencio, otras mil escondidas para la oscuridad y ninguna vista por otro ser humano como yo.

La caída del sol me horroriza, pero la luz que forma al atardecer me da fuerzas para soportarlo.

Mi vida avanza y sigo aquí sentado, observando, ¿será este el fin? Veo las flores plantadas en el jardín: me pregunto si sentirán frío en invierno y calor en verano, ¿soñarán con sentirse arropadas por alguien?

Mis ojos se quieren cerrar, mis fuerzas abandonar. Mis piernas que llevan años sin querer moverse comienzan a reclamar de nuevo el sentimiento de sentirse útiles. Me levantan de la silla que me ha acompañado durante mi vida como un fiel amigo. Aún con el pijama y mis babuchas puestas, con andares lentos pero precisos, cojo una fina sábana de mi cama y me dirijo al jardín. Ya se puede apreciar el olor del frescor de las lluvias de estos días que desprende el cielo y los campos. El otoño ya comienza a asomar.

Me acerco hasta las rosas que aún aguantan y las arropo en un cálido manto.

Tal vez a mí me esté ocurriendo lo mismo en estos instantes, puede que mi cuerpo esté ya tumbado, arropado por las cálidas sábanas de mi cómoda cama. Es agradable la llegada del otoño.

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