(Capitulo 10) La Vista Imaginaria

Publicado: 29 junio, 2015 en La Vista Imaginaria
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             Parecía estar en un sueño. Los días parecían más brillantes de lo normal. Podía ver todo con un color más llamativo, más alegre. Veía casi cada día a Marcus. Todo volvía a ser como antes, excepto nuestra relación, que había saltado de ser algo entre amigos, a ser algo entre una pareja. Nuestros sentimientos se habían desatado, habían salido de su escondite para reencontrarse al fin.

                 El verano había pasado y había encontrado trabajo. Marcus me esperaba siempre a la salida.

Aquella noche de octubre me invitó a cenar. Era mi cumpleaños y quería celebrarlo. La noche estaba bañada por la mágica luz de la luna llena. Parecía querer cubrirnos con su manto plateado adornado por las estrellas.

               El restaurante era muy elegante y romántico. Me sentía como una princesa. Marcus conseguía casi por completo que olvidara que estaba ciego, aunque en ocasiones necesitaba ayuda, pero normalmente actuaba como si su visión viera mucho más allá que la mía.

                 —He estado pensando… —comenzó a decir Marcus una vez estuvimos acomodados en el restaurante—, que podríamos irnos éstas navidades de vacaciones, ¿qué te parece? Nunca nos hemos ido juntos a ningún lado fuera de aquí —dijo entusiasmado.

                Aquella idea me maravilló. Marcus y yo de vacaciones. Podríamos aprovechar mejor el tiempo, juntos. También pasaríamos la noche… me ruboricé al pensar en ciertas cosas, ya que jamás habíamos pasado aún la noche juntos. No habíamos tenido ocasión.

                —Me encantaría —dije con mirada tímida.

             La cena transcurrió tranquila. Hablábamos casi de cualquier cosa y reíamos, nuestros momentos siempre estaban inundados de risas.

                Terminamos de cenar y decidimos dar un paseo bajo la noche otoñal. Íbamos abrigados, no era una noche muy fría, pero tampoco demasiado cálida. Su mano la notaba sujeta a la mía, transmitiéndome algo de calor.

                Caminábamos por un parque, admirando en ocasiones el cielo estrellado que colgaba sobre nuestras cabezas. Cuando sin esperarlo, una voz a nuestro lado habló.

                —¡Jelly! —dijo alguien que estaba sentado en un banco.

                Se trataba de Aaron. Sonreí, alegre por verlo de nuevo.

                —¡Aaron! ¡Cuánto tiempo! —dije con entusiasmo, pues no lo había vuelto a ver desde aquel día que disfrutamos de un atardecer juntos.

                —¿Quién es? —preguntó entonces Marcus, que con el entusiasmo del reencuentro lo habíamos olvidado.

               —¡Oh! Disculpa, no os he presentado. Aaron, te presento a Marcus, mi novio —dije con una gran sonrisa, feliz por poder presentarlo como mi pareja.

                Aaron le dedicó durante un momento una mirada tan fría como las noches heladas de invierno. La luz de la luna se reflejó en sus ojos tintándolos con una acentuada frialdad a la vez que oscura, bella. Pero tan solo fue durante un momento casi imperceptible.

                —Encantado de conocer a tu amor —dijo Aaron dedicándome una sonrisa cómplice a la vez que me guiñaba un ojo.

                —Marcus, él es… bueno… él es… —dije dudosa, pues hasta ese momento no me había planteado el dilema de contarle a Marcus quién era Aaron, me sentí perdida, hasta que Aaron me salvó.

                 —Soy un amigo de Jelly de la universidad —dijo sonriéndome para tranquilizarme.

                Se lo agradecí con la mirada.

                —En ese caso, encantado de conocerte —dijo Marcus con amabilidad ofreciendo su mano para estrechar la de Aaron.

                Una vez se estrecharon las manos, Aaron dijo que se iba. Se despidió de nosotros y al pasar por mi lado me susurró para que solo yo pudiera escucharlo.

                —Espero verte pronto —dijo.

                Me ruboricé y me giré para mirarlo sorprendida. El corazón me latió durante un segundo con fuerza, ¿por qué? Vi cómo se alejaba de nosotros andando tranquilamente sin mirar atrás.

                La voz de Marcus me hizo despertar.

                —Jelly, ¿seguimos nuestro paseo? —me dijo.

                La luz de la luna iluminaba a Marcus como si fuera la única luz capaz de poder guiarme. Sujeté de nuevo su mano y deseé con todas mis fuerzas que jamás la soltara, para que nunca más volviera a perder el camino recto.

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