(Capitulo 8) La Vista Imaginaria

Publicado: 20 junio, 2015 en La Vista Imaginaria
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Corrí todo lo que pude, pero por más que miré a mi alrededor, él ya no estaba. Me detuve un momento a descansar, me apoyé en mis rodillas y respiré agotada de tanto correr.

                —¡Vaya! Pero si es la chica sin nombre. – Escuché a mi espalda.

Me giré inmediatamente sorprendida. Ahí estaba aquel chico, sentado tranquilamente en un banco de aquella avenida. Suspiré resignada y me senté a su lado.

                —¿Buscando  a tu amor? – Preguntó mirando al cielo, como si en realidad fuera una pregunta que se hiciera a sí mismo.

Bajé la mirada.

                —Qué importa eso. – Dije.

                —Aaron. – Dijo él.

                —¿Perdón? – Dije sin entender.

                —Así es como me llamo. – Dijo mientras continuaba mirando el cielo.

Alcé la mirada y lo miré yo también. Estaba atardeciendo. El cielo se teñía de colores púrpuras y rojizos. Las nubes creaban diferentes líneas de dibujo, consiguiendo formas abstractas realmente bellas.

                —Jelly. – Dije. – Perdona que me comportara así el otro día, no supe muy bien como encajar aquella situación. – Me disculpe por mi comportamiento.

Aaron me miró.

                —Las personas podemos llegar a hacer muchas estupideces cuando estamos dolidas, ¿verdad? – Dijo con una sonrisa amable y comprensiva.

No pude evitar sonreír también. Volvió a alzar la mirada al cielo.

Me levanté para marcharme, pero sin esperarlo él me agarró de la muñeca sin despegar la mirada de aquel cielo mágico.

                —Quédate un poco más, por favor. – Me pidió.

Por primera vez me fijé que parecía un chico bastante solitario, su mirada era triste, pero relucía con los colores del atardecer. Los mechones de su pelo se ondulaban delicadamente por la suave brisa del verano. Sin decir ni una palabra volví a sentarme.

No sé si el destino nos va guiando hacía un lugar, pero en aquel momento la vida quería que dos personas que puede que necesitaran compañía en ese instante, disfrutaran de un atardecer lleno de color, uno al lado del otro. Y así nos quedamos, en silencio, viendo como el sol escondía sus últimos rayos de luz. Marcus podía esperar un poco más. Supongo que un poco más de distancia no me haría perderlo del todo.

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