(Capitulo 6) La Vista Imaginaria

Publicado: 16 junio, 2015 en La Vista Imaginaria
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La cabeza me dolía como nunca, la sentía pesada y desorientada. El estómago lo percibía como si una bomba hubiera estallado en el interior. Desconcertante todo. De pronto, sentí la presencia de alguien a mi lado, durmiendo. Durante unos segundos pensé que sería Marcus, pero no, no era él y lo que es peor, no lo conocía. Me di cuenta que estaba desnuda dentro de la cama con aquel chico. Un grito ahogado escapó de mi garganta del impacto de la situación, alejándome rápidamente a un lado para separarme de él avergonzada. Me tropecé con la sábana y caí al suelo enrollada en ella. ¿Qué diablos había pasado? Lo último que recordaba era a Marcus y una última copa que habíamos tomado, me había pedido irme con él, después… ya no recordaba nada. Escuché que comenzaba a despertarse. Asomé la mirada por encima del colchón mientras continuaba tirada en el suelo, incapaz de moverme. Encontré una sonrisa y una mirada tan profunda como el cielo nocturno.

                —¿Qué haces en el suelo? ¿Te encuentras bien? – Preguntó.

Las mejillas se me encendieron como fogatas en un día de frío en pleno campo abierto.

Me incorporé del suelo acelerada apartándome a la vez de la cama y con la sábana enrollada hasta los hombros. Al llevarme toda la sábana, él quedó al descubierto.

                —¡Ay la madre! ¡Tápate por favor! – Dije alterada a medida que me tapaba los ojos.

                —¿Por qué? No hay nada nuevo que no vieras anoche. – Dijo con voz divertida.

                —¡Tápate ya! – Volví a decir, en esta ocasión con un tono más alto.

                —Está bien. – Dijo. – Ya puedes destaparte.

Me retiré las manos de los ojos lentamente, para asegurarme que no me tomaba el pelo. Ahora llevaba puestos unos pantalones vaqueros.

                —Esto no ha podido pasarme a mí. – Decía a medida que iba buscando por todos lados mi ropa para poder vestirme.

                —Oye, no te alteres, anoche no parecía que estuvieras tan enfadada.

                —¿Qué? ¡Ni siquiera te conozco! – Dije. – ¡Mi sujetador, donde está el maldito sujetador! – Dije seguidamente con los nervios por los aires sin parar de andar de un lado a otro de la habitación.

De repente lo miré, estaba sentado sobre la cama y tenía mi sujetador colgado de un dedo mostrándomelo. Me acerqué y lo cogí con furia.

                —Gracias. – Dije con cara de pocos amigos.

                —Aún no lo entiendo. ¿Cómo ha podido suceder? – Volví a decir. – ¿Qué ocurrió anoche? – pregunté entonces mirándolo.

Él frunció el entrecejo extrañado.

                —¿De verdad no recuerdas nada? – Preguntó él.

Una vez me hube vestido por completo me senté sobre la cama agotada por tanta agitación en tan poco tiempo.

                —No, recuerdo estar con un amigo bailando… y después nada. ¿Y dónde estamos? – Pregunté entonces mirando la habitación.

Estaba bien iluminada, con una gran ventana. De colores claros y decorado por un inmobiliario minimalista.

                —Estamos en mi piso. – Dijo él. – No te preocupes, vivo solo.

Me levanté con rapidez.

                —¿Qué? Esto no puede estar pasando. – Dije de nuevo. – ¿Por qué me trajiste a tu piso? – Lo miré acusándolo.

                —No me mires así, fuiste tú quién me agarraste, me alejaste de la fiesta y me dijiste que te llevara a un sitio más íntimo, donde pudiéramos estar los dos solos.

                —¿Yo dije eso? – No podía creer lo que escuchaba. – Pero no te conozco, ¿cómo pude decirte algo así sin conocerte?

                —Anoche ese detalle no parecía especialmente importarte. – Dijo dedicándome una sonrisa pícara.

Lo miré con cara asesina.

                —Oye cálmate, yo no pensaba hacer nada contigo, – comenzó a decir enseguida excusándose – ¡lo prometo! No me parecía bien aprovecharme así de alguien tan borracha como ibas tú, luego siempre os pasa lo mismo, os arrepentís en cuanto estáis sobrias. Pero cuando llegamos a mi piso, ¿qué esperabas? Soy humano, te lanzaste a mí, no fui capaz de controlar la situación.

                —¡Oh! ¡No! – Dije lamentándome de todo.

Me fijé que no me faltara nada y me dirigí hacia la puerta para largarme de allí e intentar no volver a recordar aquello nunca más.

                —¡Espera! ¿Te largas? ¿Y ni siquiera me vas a decir tu nombre? – Dijo él poniéndose en pie.

                —No, ya que no recuerdo nada, intentaré no volver a recordar nada de esto. Por lo que si algún día nuestros caminos se cruzan, no me saludes, no me mires, prefiero sentir que esto no ha pasado nunca. Adiós.

Y salí de aquel piso.

¿Cómo podía haberme comportado así? No podía ser, no era posible. El alcohol era una mierda. ¿Qué habría pasado con Marcus? Tenía que hablar con él. Saber qué ocurrió. Aunque… el miedo de mi corazón era tan fuerte que parecía haberse formado una tormenta en él.

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comentarios
  1. Veronica dice:

    Me pregunto dónde nos llevará esta historia. Aguardo los próximos capítulos.

    Le gusta a 1 persona

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