(Capitulo 5) La Vista Imaginaria

Publicado: 7 junio, 2015 en La Vista Imaginaria
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Momentos, sentimientos, recuerdos. ¿Por qué? ¿Por qué todo a mi alrededor parecía no ser suficiente? El frío ayudaba a congelar mis sentimientos, pero no a desvanecerlos. Faltaba poco para terminar los estudios. Ahora pasaba mucho tiempo con otras personas, aunque nunca con Marcus. Mis amigas no me llenaban del todo, mi familia tampoco, siempre quedaba un hueco vacío en mi corazón que dolía demasiado como para que pudiera sanarlo todo lo demás que tenía a mi alrededor. ¿Esto era lo que se sentía cuando quieres a alguien y no puedes tenerlo? ¿Este cruel dolor y esta sensación de vacío es lo único que quedaba después? Continuar hacia adelante, como si todo fuera bien, como si tu interior no llorara cada día, como si tu interior siempre estuviera sonriendo como tu exterior, esa tristeza camuflada por una sonrisa fingida que después de enmascarar mi rostro día a día con ella, llegaba a ser creíble. Ni una lágrima derramé más, ni una sola vez volví a quedar con Marcus. Él tampoco volvió a llamarme, a reclamarme, a echarme de menos. Cada noche antes de dormir, miraba de nuevo el dibujo y otra vez aquel abrazo volvía a mi memoria. ¿Cómo una persona tan importante en tu vida puede salir así de deprisa de ella? En realidad no podía entender qué había pasado, pero en ocasiones… era demasiado tarde para volver marcha atrás.

El fin de los estudios llegó. Pronto la primavera terminaría para dar paso al caluroso verano. En pocos meses mi corazón había madurado y se había acostumbrado a la sensación de vacío y tristeza, había conseguido que esa sensación formara parte de mí, ya era parte de mi persona. Y ahora celebraba la despedida de estudios y le daba la bienvenida a mi nuevo futuro.

Nunca olvidaré aquella noche de fiesta, en la que la noche era brillante como la luna llena y mágica como un lago lleno de nenúfares.

La fiesta se había hecho en la playa. Todo se había decorado con farolillos de luces y chiringuitos para poder beber. Un ambiente veraniego. Entre la multitud de la fiesta, vi a Marcus. Iba guapo, era guapo. A pesar de sus cicatrices que deformaban un poco su rostro, no podía evitar ver la belleza que escondía. Un chico joven y atractivo que enfrentaba a la vida día tras día. Y como si tuviéramos siempre una brújula interior que nos indicaba siempre dónde está el norte, Marcus clavó sus ojos justo en mi dirección, y su mirada perdida se quedó fija en mí. Se encontraba a metros de distancia, pero siempre parecía saber dónde estaba aunque nos separaran kilómetros, su Vista Imaginaria siempre iba unida a la mía real, aunque en ocasiones, parecía la suya mucho más real que la mía.

Unas amigas me llamaron, tenía que pasar cerca de él para llegar hasta a ellas. Cuando pasaba casi a su lado, vi como él se acercó a la chica con la que lo había visto tiempo atrás. Era guapa y parecía amable. Ella le acarició la cara y le dio un tierno beso en los labios. Sentí una mezcla de alegría y tristeza que casi me sofoca el corazón. Dejé a mis amigas y me alejé de la fiesta. Me quedé a un lado de la playa, apartada de todo el alboroto. Quería paz, relajarme. Observé el mar. Respiré hondo y mi corazón se calmó.

                —¿Jelly? – Escuché decir a mi espalda.

Como siempre, era Marcus. Toda la vida, sería el único que siempre podría encontrarme.

                —¿Qué haces aquí? – Pregunté. – Será mejor que vuelvas o pronto tu novia te echará de menos. – Dije antes de que respondiera.

En ningún momento había dejado de admirar el mar, no era capaz de mirarlo a la cara.

                —¿Sabes por qué no puedo estar contigo? – Preguntó.

Todos mis sentimientos, mi mundo, todo, se alteró de pronto ante aquella pregunta. Mi ceño se frunció sin comprender.

                —¿Qué quieres decir?

                —¿Sabes por qué me he alejado de ti?

                —Sí, porque tienes novia.

             —¿Qué? No, no es por ese motivo. Jamás dejaría que una chica decidiera qué personas deben ser amigos míos.

                —¿Entonces? – Pregunté sin comprender.

                —Creo que deberías de saberlo perfectamente. ¿Cuál fue el motivo por el que te acercaste a mí? ¿Qué fue lo que te empujó a querer ser mi amiga cuando no tenía a nadie?

No me gustaba el rumbo que iba cogiendo la conversación. Su tono cada vez era más doloroso. Y de pronto, me acordé.

                —¿Te has…enterado? – Pregunté asustada.

                —Hace unas semanas, escuché a mi madre hablando con la tuya. Descubrí algo bastante interesante. Tú madre fue a visitar a la mía a casa. Resulta que mi buena amiga Jelly, únicamente se acercó a mí porque su madre le insistió en que fuera mi amiga, porque estaba solo, y al principio lo hiciste por fuerza, como petición de mi madre y la tuya. Los primeros días ni siquiera te divertías conmigo, fingías todo el rato. Volvías a tu casa quejándote y diciendo que no querías seguir con esto. ¿Quieres que siga contando?

                —Calla, por favor. – Dije con lágrimas en los ojos.

Nunca pensé que aquel día llegaría, después de tanto tiempo. No sabía qué decir, cómo comportarme. Ahora entendía su comportamiento, su lejanía. Estaba dolido, lo había dañado en lo más profundo de su corazón. Todos aquellos recuerdos que tenía conmigo, todos ellos, los veía como una puesta en escena, todo puro teatro. Unos recuerdos falsos.

                —Puede que al principio fuera así, pero luego descubrí la gran persona que eres. Alguien que merece todo de esta vida. Y cuando menos me di cuenta, te convertiste en mi mejor amigo. – Dije.

Pero como ya había dicho una vez, en ocasiones, no se puede volver marcha atrás, el daño ya está hecho, y es difícil repararlo.

                —¿Enserio? Eres increíble, Jelly. – Dijo sarcásticamente lleno de dolor.

No fui capaz de decir nada más. Él dio media vuelta y volvió a la fiesta.

Mis amigas me localizaron y me llevaron a rastras hasta la fiesta. Bailamos, bebimos, reímos. Marcus bailaba con su novia, lo vía mucho más atractivo. Era un chico increíble. Directo, apuesto, inteligente. Y lo había estropeado todo.

La bebida aquella noche nos subió a todos a la cabeza. Grave error. No puedo recordar como sucedió, pero en un momento aparecí de pronto bailando con Marcus, supongo que pensó que continuaba siendo su novia. Me sujetó por la cintura, mi corazón iba a mil por hora. Acercó su rostro a mi cuello y se detuvo por un segundo, entonces susurró:

                —Jelly… Eres tú…

                —¿Cómo lo has sabido?

                —Tu olor… – Dijo.

Parecía que el alcohol le había hecho olvidar por un momento todo. Parecía ahora dejar salir lo que había estado reprimiendo conmigo el tiempo que fuimos amigos. Me apegó más a él y bailamos. Su cara estaba muy cerca de la mía. Podía sentir su respiración. Llegó una canción lenta. Nos balanceamos al compás, con las frentes pegadas la una a la otra. Sus ojos claros estaban muy cerca, aunque miraran al infinito, adoraba observarlos.

                —Antes me han quedado cosas por decirte. – Dijo de pronto en voz baja para que solo pudiera escucharlo yo.

No dije nada, esperé a que siguiera hablando.

                —Nunca pensé que debajo de mi mejor amiga hubiera escondida una persona con tan poco sentimiento, egoísta y cría. – Dijo.

Ante esas palabras me fui a alejar de él, no podría soportar más todo aquello. Pero él me retuvo y continuó hablando.

                —Pero sé, que después los sentimientos que me mostraste fueron verdaderos. Solo te lo diré a ti, y solo a ti. Eres la única luz que existe en mi vida. Y por mucho que lo intente y esté dolido, no podrá haber ninguna otra. Ven conmigo. – Dijo de pronto.

Aún estaba en estado de shock y aquello último casi consigue paralizarme. Pero reaccioné.

                 —¿A dónde? – Pregunté.

                —Fuera de esta fiesta. – Dijo.

Era consciente de que iba borracho y seguramente no sabía lo que estaba diciendo, pero parecía estar muy seguro de sus palabras. Miré para todos lados, pero su novia no estaba, tal vez ya se habría ido. ¿Pero se había ido sin él? No sabía qué hacer. ¿Me iba con él? ¿O decidía lo más sensato que era separarme en aquel momento e irme a casa? Miré el cielo, pidiendo fuerzas para saber qué decidir, aunque en aquel estado de embriaguez, no estaba segura de saber escoger bien.

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