(Capitulo 4) La Vista Imaginaria

Publicado: 4 junio, 2015 en La Vista Imaginaria
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Invierno. El frío. Mis pasos caminaban tentados por las heladas de aquella época. Mi corazón se había emponzoñado por el veneno del dolor. Habían pasado dos semanas desde el día que había visto a Marcus con aquella chica. Ahora me acercaba a su casa. Las manos me dolían por el frío, intentaba calentarlas con el calor de mi boca. Otra vez frente a su puerta. Únicamente había vuelto a por el dibujo, solo lo había visto una vez, pero lo echaba de menos. Mi dedo pulsó el timbre.

—¿Jelly? – Escuché pronunciar mi nombre a mi espalda.

Era Marcus.

                —¿Cómo has sabido que era yo? – Pregunté sorprendida, a la vez que daba media vuelta para verlo.

Él sonrió.

                —Tu perfume, es inconfundible. – Dijo.

Hubo un silencio entre nosotros que pareció envolvernos, un reencuentro entre viejos amigos. A pesar de ser consciente que él no podía ver mi mirada, la desvié de la suya.

                —Creí que estarías en casa. – Dije para romper el silencio.

                —He tenido que salir, pero como ves, ya estoy de vuelta. – Dijo sin desaparecer su sonrisa.

Era increíble volver a escuchar su voz, volver a tenerlo frente a mis ojos. Estaba más guapo que la última vez. Había cambiado de corte de pelo y en poco tiempo parecía a ver crecido.

                —Aún no te he dicho para qué he venido, si aún puedo, me gustaría llevarme el regalo que me hiciste por navidad.

                —Claro, estaba esperando a que volvieras a por él.

Entramos a la casa, pero en esta ocasión no me permitió subir al desván, me pidió que esperara en el comedor.

A los pocos minutos llegó con el dibujo, iba enrollado medito en una funda para que no le pasara nada. Me incorporé del sofá.

                —¿No te apetece tomar nada? Hace tiempo que no hablamos. – Dijo Marcus.

                —¿Seguro que está bien? – Pregunté.

Marcus se fue acercando a mí, parecía ver perfectamente el recorrido, como si tuviéramos un imán y una fuerza lo fuera guiando. Cuando se encontraba a tan solo unos centímetros de mí, sus manos se fueron acercando a las mías, pero inmediatamente se detuvieron, como si de pronto despertara de un sueño.

                —¿Por qué no iba a estarlo? Somos amigos.

Sonreí al escucharlo. Sí, era mi amigo. ¿Pero realmente me conformaba ya con ese simple sentimiento?

Trajo algo de bebida y hablamos. De pronto parecía que el tiempo no había pasado por nosotros, sin darnos cuenta volvíamos a hablar como siempre lo habíamos hecho.

                —¿Qué tal las cosas con tu novio? – Preguntó sin previo aviso.

No contesté enseguida.

                —Se terminó con él hace dos semanas. – Dije.

Después de aquel dolor que había sentido al ver a Marcus con otra chica, no era capaz de estar con nadie. Lo miré, él tenía sus ojos clavados en mí, por un momento olvidé que estaba ciego. Recordé lo que sentí el día que lo abracé, fue el primer contacto físico que había tenido con él desde que nos conocíamos. Mi corazón latió con fuerza ante aquel recuerdo. Deseaba volver a abrazarlo, pero a pesar de tenerlo tan cerca ahora sentado, su distancia parecía estar fuera de mi alcance.

                —¿Y tú? ¿Qué tal con tu chica? – Dije sin pensar, me arrepentí, Marcus no sabía que los había visto.

Él me miró sorprendido.

                —¿Cómo… lo sabes? – Preguntó.

Entonces es cierto, ha encontrado a alguien realmente. De nuevo aquel veneno ponzoñoso volvía a mi corazón.

                —Os vi. Puedes contármelo, somos amigos.

En realidad no quería escuchar nada.

                —Bueno, nos estamos conociendo. Ella es fantástica. – Dijo con un brillo en los ojos.

No tardé mucho en marcharme. Me despedí de Marcus y me alejé de su casa. Canalicé el dolor de la mejor forma posible, tenía que empezar a olvidarlo. Él estaba formando su vida, en la que yo tan solo era su amiga.

Cuando llegué a mi casa y saqué el dibujo de la funda, en la parte de atrás había algo escrito con una caligrafía temblorosa y dudosa, pero se podía leer:

“El sol puede llegar hasta a los rincones más oscuros, y tú siempre fuiste el sol que alumbró a mi corazón ciego. Gracias Jelly, por ayudar a mi Vista Imaginaria a ver la luz”.   

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