(Capitulo 2) La Vista Imaginaria

Publicado: 18 marzo, 2015 en La Vista Imaginaria
Etiquetas:, , , ,

Cómo contar mi historia con mi gran amigo Marcus. Es complicada describirla, hay tantos momentos que me gustaría poder relatar…  ¿He mencionado que siempre había dibujado muy bien? Era amante del arte, su pasión más grande. El desván de su casa lo tenía acomodado para poder pintar con tranquilidad, lo tenía todo ahí. Pero jamás dejaba pasar a nadie. Era su rincón más secreto donde poder expresarse con libertad sin sentirse observado.

Recuerdo que era 15 de enero, habían pasado hacía poco las navidades. Marcus siempre me tenía un regalo para aquellos días de fiestas, pero aquel año no recibí nada de él.

Aquella tarde de 15 de enero recibí una llamada por teléfono. Marcus me pedía que fuera a su casa. Me dio una serie de indicaciones. Iba a estar solo. Quería que cogiera la llave que había dejado escondida en una pequeña ranura que había en la pared de la ventana delantera de su casa y entrara.

Cuando llegué, hice exactamente lo que me dijo. Al abrir la puerta, me encontré con una serie de flechas que me indicaban que subiera la escalera. Pero no se detuvieron en el segundo piso, querían que subiera al desván. Mi corazón se aceleró, pues jamás había entrado en el desván, nadie, excepto Marcus. Me detuve frente a la puerta, respiré en profundidad por la emoción que sentía en aquellos momentos y entré. Unas ventanas grandes y amplias en el techo alumbraban el desván. Lienzos de dibujo por todas partes. Pintura, pinceles, unos tres caballetes, una mesa donde había sobre ella una taza donde seguramente había contenido cappuccino, pues le encantaba. Sabía que llevaba ahí horas, pues la espuma del cappuccino que se había quedado en el borde de la taza estaba reseca. Él se encontraba al fondo, escondido tras un caballete.

—No te muevas más. – Dijo de pronto.

Me detuve de inmediato. No pronuncié ni una palabra por miedo a distraerlo. Me mantuve en silencio. Mientras, miré a mi alrededor y eché una ojeada a la cantidad de dibujos que tenía por todas partes. La mayoría eran abstractos. Pero también había paisajes.

Por fin, Marcus volvió a hablar.

—Ya está terminado. – Dijo con gran ilusión en la voz. – Voy a girar el caballete, que puedas verlo. Espero que te guste, pues es tu regalo de navidad, perdona que no te lo diera antes, pero no he podido tenerlo hasta ahora terminado. – Dijo disculpándose.

—¿Mi regalo? – Dije sorprendida.

Le dio la vuelta al caballete y vi lo que tanto trabajo le había costado dibujar. Abrí los ojos tanto que me dolieron. Era el retrato de una chica que parecía un ángel, realmente hermosa.

—¿Reconoces quién es? – Me preguntó.

—Pues… – Comencé a decir confusa.

Él se echó a reír.

—Eres tú. – Me dijo de pronto.

—¿Qué? ¿Yo? – Volví a mirarlo con más detenimiento. – ¿Así es… como me ves tú en tu mente?

—Sí, tu alma se muestra así en mi mente.

Los ojos se me empañaron en lágrimas. Pues aunque físicamente apenas me parecía, sí que había plasmado perfectamente mi expresión, podía verme reflejada en aquella chica que él había dibujado, realmente hermosa.

—¿Cómo has podido… dibujarlo? – Dije aún emocionada.

—Te he visto ya tantas veces en mi mente, que me sé tú rostro de memoria, no me hace falta tener vista para poder dibujar el alma de mi mejor amiga. – Dijo.

Sin poderlo evitar más tiempo, me lancé a él y lo abrecé. Sentí su sorpresa y su desconcierto al sentirme pegada a él rodeándolo con mis brazos.  Percibí el impulso de querer rodearme él también con los suyos… pero no lo hizo, en lugar de eso, se separó de mí.

—¿Qué ocurre? – Pregunté.

—No pasa nada.

Pero a mí no me valía aquella respuesta.

—¿Quieres decirme por qué razón no puedo abrazar nunca a mi mejor amigo? Eres la persona más cercana para mí y sin embargo eres el único que tienes una barrera física entre los dos.

Marcus se mantuvo en silencio.

Suspiré.

—Por favor, déjame que te muestre como es mi rostro en realidad. – Dije.

El siguió sin decir nada, por lo que entendí que podía.

Me acerqué a él y sujeté su mano. Se sobresaltó levemente al sentirme de nuevo. Comencé a recorrer con su mano mi cabello largo y suave como la seda, mis cejas perfectamente perfiladas, mis orejas pequeñas, después los ojos con una forma penetrante, la nariz delgada y pequeña…, los labios gruesos y con un color vivo… Sin esperarlo colocó también su otra mano y recorrió el solo con las dos mi rostro, deteniéndose en los pequeños detalles que pudiera apreciar con el tacto. De pronto sonrió.

—Me alegra saber que tu rostro igualmente es hermoso. – Dijo él.

Me sonrojé al escucharlo.

—¿Te gustaría… – comencé a decir algo tímida – saber cómo es mi figura entera? ¿Para que puedas ver en tu mente por completo como soy físicamente?

Él se detuvo durante unos momentos sorprendido al no esperarse aquella pregunta. Como veía que no reaccionaba, tomé yo la decisión por él. Sujeté sus dos manos y las coloqué en mi cintura. Y sin saber por qué, un impulso me fue acercando a sus labios, hasta que él me sintió muy cerca y todo se detuvo.

—¿Qué  haces? – Me dijo algo molesto de pronto y apartándose rápidamente de mí.

—Perdona yo…

—Vete ahora mismo por favor. – Me pidió Marcus.

Quería llorar, había ido demasiado lejos y le había hecho de sentir mal. Me sentía avergonzada y enfadada conmigo misma. Como no sabía qué decir, le hice caso y me fui de su casa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s