(Capitulo 12) El Recorrido de Mi Alma

Publicado: 19 febrero, 2015 en El Recorrido de Mi Alma
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Mis manos temblaban. Mi alma lloraba de terror. Mi mente buceaba entre preguntas que no sabía responder. Mi corazón golpeaba mi pecho fuerte y claro, mis oídos podían escucharlo gritar.

Mi respiración empañaba el cristal de la ventana del coche, hacía frío. Era una noche lluviosa e intensa. La calle se encontraba desierta. Mientras esperaba, pensé en días cálidos; en el perro que solíamos tener en casa cuando tenía ocho años. La casa de campo que visitábamos en algunas ocasiones. Los prados… la carretera… los viajes… Pero en un viaje fue donde mis padres se marcharon para siempre, los perdí y me quedé sola. Me alejé de la poca familia que podría quedarme y me mudé a Londres.

La yema de mi dedo se acercó al cristal y dibujó en el vaho un sol. Cuando era pequeña siempre los dibujaba de la misma forma, y dentro le hacía una cara sonriente, pero ahora, esa cara era triste.

Mis recuerdos desaparecieron en el momento que apareció la persona a la que esperaba en aquella calle solitaria. Me tapé la cara para que no pudiera reconocerme y salí sigilosamente del coche. Cauta me fui acercando a un chico que sería de mi edad o algo mayor y con el mango del arma, como me habían enseñado, le di un golpe en la cabeza por detrás. Pero no lo golpeé bien. Rápidamente se dio la vuelta agarrándome la mano que sujetaba el arma. Me agarró del cuello y me apretó contra la pared. Pero antes de llegar a quitarme la tela que me tapaba la cara, le di un rodillazo en la entrepierna y a continuación, recordando todo lo que había aprendido con URIANS, le di un fuerte golpe en la cabeza y esta vez se desmayó.

Le até de manos y pies. Lo arrastré por la calle hasta llegar al coche y encerrarlo en el maletero. Debía llevarlo a una de las centrales escondidas de URIANS, la única que había conocido pero solo por fuera, nunca me habían dejado pasar. Llevaba más de un año con ellos y aún seguía sin saber en qué trabajaban exactamente.

Cuando llegué, nadie acudía a por el chico que llevaba en el maletero. Tenía prohibido entrar dentro, pero aun así, decidí pasar y avisar a alguien. Era tarde y no parecía que hubiera movimiento. La puerta de atrás estaba abierta. Los pasillos estaban desiertos. Nadie. Todo parecía estar en silencio, un silencio sobrecogedor que helaba la sangre. Aquel pasillo estaba lleno de puertas pero la única que llamó mi atención fue la del final que se encontraba enfrente. Alrededor de la puerta se llegaba a vislumbrar por las rendijas una luz azul que salía de la habitación. Por un momento mi corazón gritaba que me detuviera y continuara caminando a ciegas, pero llevaba demasiado tiempo sin ver y mi mente ansiaba saber.

Llegué hasta la puerta y giré el picaporte lentamente, la puerta estaba abierta. Suspiré profundamente y asomé la cabeza para ver que se escondía en aquella sala.

Entré lentamente, asombrada por lo que veían mis ojos. Parecía una especie de nave. Era gigantesca, con el techo demasiado alto. La luz salía de unos focos que estaban incrustados en el suelo. Una luz azul que señalaba hacia arriba. Aquellas luces se encontraban por toda la superficie del suelo, siendo así la única iluminación de la nave, creando un ambiente espectral, misterioso y escalofriante. Lo peor era lo que había escondido. Millones de especies de camillas como la de los hospitales, todas muy bien colocadas unas al lado de otras, creando filas. Encima de ellas había personas. Parecían estar dormidas. Sus mentes estaban conectadas con unos cables a un monitor. Mi cuerpo tembló, me asusté.

Una arcada me vino de pronto y sin soportarlo más, salí corriendo de aquella nave. Corrí todo lo que pude, hasta que volví a sentir el aire fresco en mi rostro. Respiré profundamente para poder digerir la imagen que acababa de presenciar mi alma.

Cogí entre mareos y sudores el coche y salí de allí. Intenté calmarme pero no lo conseguía. Volví a la calle donde había secuestrado al chico. Lo saqué del maletero y lo dejé allí en el suelo.

Entre lágrimas de dolor por darme cuenta de todo lo que había estado haciendo aquel tiempo con URIANS,  por haberme mantenido ciega, y ahora, la visión se había aclarado.

No hizo falta saber más para darme cuenta que el camino de aquel rumbo había llegado a su fin.

Adiós Sam, pensé entre lágrimas mientras mi corazón se alejaba de él.

¡¡Capitulo 13 Próximamente!!

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comentarios
  1. efe dice:

    Emocionante y muy bien escrito.

    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

  2. Chronos dice:

    Un genial y sobrecogedor capítulo.

    Le gusta a 1 persona

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