(Capitulo 10) El Recorrido de Mi Alma

Publicado: 11 febrero, 2015 en El Recorrido de Mi Alma
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Mi marido volvió después de la discusión. Lo había estado esperando despierta, pero como de costumbre, pasó por delante de mí sin dirigirme ni una mirada. Pero yo escondía demasiadas cosas como para poder reprocharle nada y aun así, en ocasiones lo hacía. Mi mente volvió a recordar días pasados, hasta que se detuvo en un día y el canto que hacía resonar mi voz aquella noche resonó en mis pensamientos…

Había pasado un año desde la ida de Sam. Para poder aparentar una vida normal, había buscado un trabajo con el que poder estar de cara al público. Siempre se me había dado bien cantar, por lo que trabajaba en un local de copas de alto standing, cantando durante la noche a los clientes que allí acudían a disfrutar de la buena bebida y de un ambiente fino, elegante y agradable.

Helada es tu mirada y tu corazón.

Volemos juntos en una danza que solo nosotros entendamos

Aférrate a mi alma tan fuerte como un huracán o terremoto

Pero jamás acaricies el deseo de besarme, pues mis labios son peligrosos

Dale patadas al aire y gira alrededor de un rumbo sin sentido

Despliega las alas de tu amor y elévalo hasta a mí… elévalo hasta mí…

No temas a la muerte, teme lo que vivas,

No desates mareas de lágrimas

Por amores que solo se quedan en el deseo

Corre por lunas oscuras y descubre las estrellas

Pero jamás acaricies el deseo de besarme, pues mis labios son peligrosos

Dale patadas al aire y gira alrededor de un rumbo sin sentido

Despliega las alas de tu amor y elévalo hasta a mí… elévalo hasta a mí…

En aquel momento, como si de un fantasma o aparición se tratara, la figura de Sam apareció al fondo del local. Yo no podía detenerme y continué con la canción…

Vuelve conmigo,

Y desafiemos juntos al camino del desierto,

la agonía, la tristeza y la desesperación

destruyamos fronteras que solo el cielo puede derribar

Pero jamás acaricies el deseo de besarme, pues mis labios son peligrosos

Dale patadas al aire y gira alrededor de un rumbo sin sentido

Despliega las alas de tu amor y elévalo hasta a mí… elévalo hasta a mí…

Y dirígeme tu mirada helada…

Sam se quedó de pie a ver de terminar mi actuación. Aún no podía creer que estuviera allí, en el mismo local viéndome de cantar. Me dirigió un gesto con la barbilla y señaló con la mano que me esperaba fuera.

Nada más terminar mi actuación, bajé del pequeño escenario que había en el local y sin ponerme nada para protegerme del frío de la calle, ya que llevaba un fino vestido largo y elegante con los hombros al descubierto, salí fuera. Deseaba hablar con él, escuchar su voz, ver de nuevo su sonrisa que tan solo me había dado el privilegio de verla en un par de ocasiones… no tenía tiempo que perder.

Era una noche fría y tranquila. El aire era seco y quebradizo, la piel tendía a llenarse de finas grietas. Los labios se volvían ásperos y la boca parecía quedarse sin nada para humedecerla.

Salí del local pero no lo hallé, miré para todos lados hasta que vi asomar un brazo del callejón que había tras el local, me acerqué y ahí estaba. Sorprendentemente lo primero que me dedicó fue una fina y dulce sonrisa.

(Dale a reproducir al video y continúa leyendo ^^)

Abrí la boca en varias ocasiones para hablar pero las palabras se habían esfumado. Había soñado con verlo durante todo aquel año que no había sabido nada de él y ahora sentía estar en el mismo sueño que me había perseguido cada noche. Pero sentía aún el cristal entre los dos, aquel fino y a la vez grueso cristal, que tan solo se había quebrado un poco de forma interna, pero aún persistía, podía verlo, podía sentirlo.

—No deberías de haber salido así a la calle, cogerás frío. – Dijo Sam quitándose la gabardina y colocándola sobre mis hombros.

Entonces se quedó muy cerca de mí, tan cerca que podía sentir su calor rozar mi piel. Una lágrima cayó recorriendo mi rostro.

—¿Por qué tenías tantos deseos por saber mi verdadero nombre? – Me preguntó.

No entendía que después de un año sin vernos, me hiciera aquella pregunta. Pero respondí.

—Porque un nombre nos define. Es el nombre con el que nos definen nuestros padres al nacer. —Mi voz temblaba de frío.

Se acercó a mi oído y susurró:

—Jill… – Dijo Simplemente.

Mis ojos se cerraron, era la primera vez que mi corazón escuchaba pronunciar mi nombre de sus labios.

Su voz continuó susurrando mi nombre a la vez que su cara rozaba la mía. Dulce, atrayente, su voz mecía mi corazón, lo calmaba, lo besaba, lo velaba, lo protegía. Conseguía curar aquella tristeza que había aguantado todo aquel tiempo. Sus brazos fueron rodeándome lentamente mientras continuaba susurrando mi nombre, para que solo pudiera escucharlo yo, para que fuera íntimo y fugaz, para que solo pudiera definirme él. Hasta que terminó abrazándome y de pronto comenzó a tararear en silencio, solo para nosotros dos la canción que momentos antes cantaba en el local. Copos de nieve caían en aquel momento del cielo para hacerle sentir cálido a mi corazón. Sam comenzó a dar vueltas lentamente conmigo abrazada, mientras continuaba tarareando.

Por fin Sam había vuelto para rescatarme de las crueles garras de la oscuridad. En aquel momento, el cristal que nos había mantenido separados se quebró por completo.

¡¡Capitulo 11 Próximamente!!

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