(Capitulo 8) El Recorrido de Mi Alma (Modificado)

Publicado: 8 febrero, 2015 en El Recorrido de Mi Alma
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Me sentía como si caminara sobre un suelo de cristal a gran altura del suelo, en el que si no iba con cuidado, podría romperse. Pero entonces miraba al frente y lo veía a él, me acercaba y estiraba el brazo para que mi mano llegara a rozarlo, pero justo antes de llegar, un cristal nos separaba, como si jamás pudiera llegar hasta él. Así era como realmente se sentía mi corazón cuando estaba a su lado.

Nos esperaba una tarea complicada. URIANS quería hacer tratos con alguien poderoso y adinerado. Pero parecía ser que no se fiaba de nadie que no tuviera esposa, según él decía, el que no es capaz de mantener una mujer a su lado no es alguien digno de confianza y fidelidad. Black Angel había sido el elegido para ello y yo la elegida por él. Debería de sentirme alegre porque me hubiera escogido, pero lo cierto era que no lo estaba.

La persona a la que íbamos a ver se le conocía como El Coyote. Nos encontraríamos con él en un local donde sus bailarinas no se detenían en mostrar sus coreografías sensuales a sus clientes. Me sentía incómoda en aquel lugar, pero había que centrarse en lo importante.

Se trataba de un hombre más mayor, corpulento, con mentón ancho y pronunciado.

—Bienvenidos a mi humilde morada. – Dijo El Coyote, soltando una sonora carcajada a continuación.

—Siempre escondido bajo un techo y cuatro paredes de codicia, nunca cambiarás. – Dijo Black Angel.

Enfrentaron sus miradas durante unos segundos y después rieron juntos.

—Black Angel, eres un diablo. – Dijo de buen humor. – Hace tiempo que no hago negocios con nadie, pero antes de nada, ¿quién es esta bella joven? – Dijo El Coyote posando su mirada en mí.

—Te presento a mi mujer, Crow Dark.

—Un placer. – Dijo tendiéndome la mano para estrecharla con la mía.

—Igualmente señor Coyote. – Sonreí.

—No sabía que te habías casado. ¿Cuándo fue? – Preguntó El Coyote.

—Hace dos meses, fue algo discreto. – Respondió Black Angel.

La reunión se mantuvo tranquila, estuvieron charlando de temas que no entendía e incluso en alguna ocasión bajaron la voz y no llegué a escuchar de lo que hablaban. A medida que pasaba el tiempo tenía más interés en saber lo que hacía exactamente URIANS.

—Pero hazle más caso a tu mujer, que la tienes aburrida. – Escuché decir de pronto a El Coyote, pues hacía rato que había desistido por intentar escuchar. —Parece que no estáis muy unidos. —Dijo mirando con algo de desconfianza.

Sin esperarlo, Black Angel me cogió y me dio un beso como si no hubiera un mañana. Intenté disimular mi impresión, aunque en mi interior no lo conseguí, se habían alterado todos mis sentidos y ahora estaban descontrolados de tal modo que mi corazón no podía con ellos.

—No pienses así, ahora estamos hablando de negocios y a ella no le interesa estás cosas, pero fuera de trabajo no sé vivir sin ella.

Sonreí con disimulo, por un momento pensé que se estaba pasando con la farsa. Sabía que todo aquello no era cierto, simplemente una escena más de actuación, otra más de las muchas que ya había tenido que representar. La reunión terminó y El Coyote quedó satisfecho con el trato que habían acordado.

Black Angel y yo nos fuimos caminando bajo el cielo nocturno donde las estrellas habían desaparecido por una capa de nubes, pero dejando ver a la luna, como si ella las guiara, como si fuera su jefa y las nubes guardaran culto a su alrededor. Una luz peligrosa y mágica parecía desprender la luna aquella noche, una luz blanca con tonos morados, contorneando las nubes creando una noche diferente. Fría, ardiente, oscura, sibilante acariciaba mi cara advirtiéndome en silencio de algo que solo ella parecía saber.

Caminábamos uno al lado del otro en un sepulcro silencio. Aquella noche me había puesto lo más bella que había sido capaz, con mis labios con carmín rojo, una mirada penetrante retocada con negro y mi melena suelta con tirabuzones caídos, pero no parecía ni fijarse.

—¿Cómo te llamas? – Pregunté de pronto.

Él me miró sorprendido.

—Ya lo sabes. – Dijo como algo obvio.

—No, me refiero a tu verdadero nombre. ¿Cuál es?

Él simplemente dio una carcajada. En aquel momento comenzó a llover. Me puse rápidamente la gabardina sobre la cabeza. Black Angel se detuvo.

—¿Por qué te detienes? Está lloviendo a mares. – Dije nerviosa, pues la lluvia cada vez era más fuerte. – Bueno, pues empápate, yo me largo.

—Mi nombre es Sam. – Dijo de pronto, lo que hizo que me detuviera.

Di media vuelta mirándolo, sintiendo como el cristal que nos separaba, de pronto parecía rajarse un tanto a punto de quebrarse por completo.

—¿Y el tuyo? – Me preguntó.

La lluvia apenas me dejaba ver, interponiendo los mechones frente mis ojos.

—El mío es Jill.

Se fue acercando a mí hasta quedar a unos centímetros de mi cuerpo. Alzó su mano y apartó los mechones de cabello de mis ojos.

—Deberías irte y abandonar esta ciudad. – Dijo sin esperarlo.

No comprendí porque me decía aquello.

—¿Qué? ¿Por qué?

Me miró con su mirada helada y acarició mi rostro con la yema de sus dedos.

—Porque si continúas con nosotros, terminarás destruyéndote, sobre todo, si continúas acercándote a mí. Yo ya no puedo irme, pero tú aún puedes salvarte.

Mi corazón se asustó al escuchar sus palabras de advertencia.

¡¡Capitulo 9 Próximamente!!

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