(Capitulo 5) El Recorrido de Mi Alma

Publicado: 28 enero, 2015 en El Recorrido de Mi Alma
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    El destino nos va marcando unos pasos y cuando uno se pierde, debe estar un tiempo vagabundeando en otros caminos hasta volver a encontrar el suyo.

    En aquellos momentos me encontraba dando vueltas en un camino completamente desconocido para mí.

   Su voz llegó hasta mis oídos como si ya hubiera apretado el gatillo. No me atrevía ni a girar la vista para mirarlo, pero por su voz, parecía alguien joven. Podía sentirlo muy cerca de mí. Podía sentir incluso llegar hasta mí el aliento frío que parecía soltar el arma con la que me apuntaba. Tal vez podría coger con rapidez mi pistola.

  —No intentes hacer ninguna estupidez. Puedo leer en tu mirada lo que estás pensando. – Dijo adivinando mis intenciones. – Pasa lentamente con las manos en alto y no intentes nada repentino o no saldrás con vida.

   Mis pasos se movieron hasta el interior del estudio. Me ordenó que me detuviera cuando ya me encontraba en el centro de la sala. Sentí como se acercó por detrás y comenzó a registrarme, detectando la pistola y confiscándola.

   Sin previo aviso me agarró del pelo y me empujó contra el suelo, arrastrándome unos metros por la tarima por el impulso del golpe. Mi cuerpo sufrió por los golpes que no se esperaba experimentar. Alcé levemente la mirada y lo vi. Era joven, puede que tuviéramos la misma edad. Tenía unos ojos azules que cortaban la respiración y asesinaban al corazón, pero era atractivo, demasiado como para poder poseer una mirada así. No podía moverme por el golpe.

    —Qué sabes. – Me dijo con total seriedad.

   No era capaz de hablar, estaba asustada. De pronto se acercó y me sujetó del brazo alzándome y sentándome en una silla.

    —Quién te envía. No pareces muy experta en este asunto. Otro sin duda hubiera sido capaz de entrar y salir sin ser visto. Pero tú no has sido capaz ni siquiera de pasar desapercibida frente a las cámaras de seguridad del jardín. Te recomiendo que si quieres seguir con vida empieces a hablar. – Me dijo con total claridad sin que su mirada me perdiera de vista.

    —No sé nada, de verdad. – Dije con voz temblorosa.

   —Entonces que hacías aquí, que venías a buscar, quién te ha contratado. Te aseguro que te vendría bien decir todo lo que sepas.

   —De verdad no sé nada. – Volví a repetir.

   Tenía miedo de hablar y también de permanecer callada. Por lo que me mantenía en un debate interior insoportable para mi mente.

   —Entonces no eres de utilidad, simplemente una simple ladrona que ha elegido la casa equivocada para robar. – Dijo apuntándome con el arma y a punto de apretar el gatillo.

   —¡Espera! – Dije entonces casi con lágrimas en los ojos. – Me dijeron que buscara unos documentos donde debía de poner “Confidencialidad de URIANS”, no sé nada más, de verdad. Me contrató un hombre que no sé ni su nombre ni el nombre para quienes trabaja, no sé nada. Todo ha sido informal y anónimo. Lo único que me dijo es que pertenecía a una organización que os investigaba porque trabajabais en experimentos ilegales. Eso es todo lo que sé. – Dije desesperada muerta de miedo.

    El joven bajó el arma y meditó durante unos segundos.

    —Está bien, te creo. Pero ya no puedo dejarte libre.

   —¿Qué? – Pregunté sin comprender.

   —Tú decides o matarte o quedarte. – Me dijo.

   Su mirada se clavó en mi corazón, esclavizándome a ella. Pero de pronto pareció pensarlo de otro modo.

  —No, creo que puedes sernos de utilidad. Está bien, nos ayudarás a recopilar información de ellos, donde se esconden, sus movimientos, todo.

   —¿Cómo? ¡Pero… si no sé nada de ellos! – Dije sin comprender como podía conseguir toda aquella información.

   —Esa será tú tarea, intentar averiguar la manera de conseguirla. Intenta que confíen en ti.

   Sacó de un bolsillo de su chaqueta una cajita azul pequeña. De su interior cogió una pequeña pastilla roja.

   —Ten. – Dijo tendiéndomela en la mano. – Trágatela.

   —Pero… – Comencé a decir, pero rápidamente me apuntó con el arma y no me dio opción.

   Me la tragué.

   —¿Qué es esta pastilla? – Pregunté preocupada.

  —No es una pastilla. Es un localizador y un micrófono. Para saber dónde te encuentras en cada momento y escuchar las conversaciones. Para que tampoco puedas engañarnos. Por lo que no intentes nada. – Me explicó.

   De pronto sentí como un pinchazo en el estómago. Me quejé. Él me miró pareciendo entender mi reacción.

  —No te preocupes, el localizador se adhiere a la pared del estómago para que no puedas expulsarlo de  ninguna manera. Aparte de ese pinchazo que hayas sentido estarás bien.

   Cómo había terminado así. Aceptando trabajos sin ningún tipo de información. Aún no conseguía entender por qué lo había aceptado, mucho menos por qué me lo habían ofrecido. Ahora me encontraba en una situación aún más peligrosa.

   —Está bien, te explicaré lo que haremos. Vas a llevarle unos documentos que serán falsos. Ellos no lo sabrán y los tendrá entretenidos durante un tiempo mientras los examinan e investigan. Mientras tanto, ellos comenzarán a confiar en ti. Debes conseguir ir sacándoles información. Cada semana te enviaré un mensaje de donde debes reunirte conmigo o con cualquier otra persona que mandemos. – Me estuvo explicando.

   Yo escuchaba con total atención, no debía cometer fallos o todo se acabaría para mí, no llegaría a encontrar el camino recto, estaba claro que aquel no lo era, pero ahora ya era tarde para salir sin más de aquello. De pronto me encontraba anclada en un camino muy lejos del mío y en el que tendría que permanecer durante un tiempo.

   Me dio una especie de teléfono móvil por el que me enviaría semanalmente los mensajes. Entonces, dijo que podía marcharme. Pero antes de salir por la puerta me dirigió unas palabras.

    —Una cosa. Jamás muestres tu miedo.

    Era un buen consejo para alguien que estaba muerta de miedo. Por lo que decidí seguirlo. Me serené y obligué a mi miedo a esconderse en las profundidades de mi corazón, junto con el dolor que había ido acumulando durante aquel último tiempo. El miedo desapareció de mi rostro y mirada. Salí de la mansión con un aire muy distinto al que me envolvía cuando había entrado.

   Cuando ya salía del jardín, recibí de pronto un mensaje. Me detuve y miré hacia la mansión extrañada. Leí el mensaje:

    “No lo olvides, tú nombre clave para nosotros será Crow Dark”.

    Sonreí, como si la verdadera oscuridad hubiera invadido de pronto mi alma.

 

¡¡¡Capitulo 6 Próximamente!!!

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