Llegar hasta ti (Capitulo 6)

Publicado: 1 diciembre, 2014 en Llegar hasta ti
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      — Javi… – Dije de forma casi inaudible.

Mi cuerpo parecía haberse petrificado. No era capaz de moverme. Tampoco de hablar. Escuchar de nuevo su voz había sido casi un sueño.

Pero Javi sonrió como lo había hecho siempre.

       — ¡Qué sorpresa! No puedo creerlo. – Dijo a medida que se fue acercando a mí. – Eres tú de verdad.

Se quedó a un paso de distancia.

       — Ha pasado tiempo, nunca imaginé encontrarte aquí. – Seguía diciendo él.

Yo no era capaz de pronunciar palabra, pero tenía que hablar.

       — Sí, es una casualidad. Resulta que me han trasladado para trabajar aquí. Y vivo cerca de tu piso. – Dije con una sonrisa.

Entonces Javi se acercó más y me dio un beso en cada mejilla. Pude notar que quiso abrazarme, pero no llegó a hacerlo.

       — Toda la vida unidos ¿verdad? – Dijo bromeando.

Los dos reímos. El ambiente tenso se calmó.

       — Iba a comprar algunas cosas necesarias que necesita mi piso. He llegado hoy del viaje. Pero no sé muy bien a donde tengo que ir. – Dije.

       — Puedo acompañarte si quieres. Así te enseño la zona. Y también aprovechamos y charlamos mientras. – Dijo con una gran sonrisa.

Parecía feliz de verme. Eso me tranquilizó.

Comenzamos a andar por las calles frías de Nueva York.

       — Por cierto, estás cambiada. Te has dejado crecer el pelo. – Dijo de pronto.

Acercó su mano hasta mi cabello y cogió un mechón, pasando su mano a lo largo de él. Me separé un poco, su cercanía revolvía mi interior. Él lo notó.

       — Tú también estás cambiado. Te has dejado crecer un poco la barba. No te había visto nunca con ella. – Dije.

       — Ya bueno, los gustos cambian.

Javi me acompañó a todas las compras. Fue de gran ayuda. Apenas hablamos de nosotros. Comentábamos nada más que los lugares que íbamos viendo. Fue como si de pronto fuéramos dos extraños. Me ayudó a llevar las compras hasta mi piso.

        — Tienes un piso bonito. – Dijo mirando para todos lados.

El piso tenía colores pasteles y los muebles eran entre una mezcla clásica y moderna.

Mientras fui guardando toda la compra.

       — Si quieres podríamos quedar otro día. Seguramente ahora no conozcas a nadie. – Me dijo ayudándome a sacar la compra de las bolsas. – ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? – Me preguntó.

        — Dos años. – Dije.

No podía portarme con naturalidad. Pensé en Dani, tenía que pensar en él para calmarme.

        — Me gustaría quedar contigo mañana, en el puente de Central Park. – Dijo Javi.

No supe que responder.

        — Pues… verás… – Comencé a decir indecisa, pero él me interrumpió.

        — Leila, no aceptaré un no por respuesta. Me haría muy feliz poder enseñarte algunas cosas de Nueva York. – Dijo Javi alzando mi barbilla lentamente para que lo mirara. – Dónde está la sonrisa de la chica que dejé en Toledo. Lo único que he visto hasta ahora es una sonrisa postiza.

Mi corazón se disparó. Pero de pronto, colocó su mano sobre mi cabeza como había hecho siempre y me acarició con cariño. Me sonrió como si hubiera vuelto a encontrar a su hermana perdida. No pude evitar sonreír y esta vez, de verdad.

          — Eso está mejor. – Me dijo. – Tengo que irme. Te veo mañana a las nueve de la noche en el puente de Central Park. – Dijo antes de salir por la puerta.

Ahí me quedé, sin terminar de asimilar aquel encuentro. Algo que no pensé que ocurriría el primer día de mi llegada. Por un lado era reconfortante saber que no estaba sola en Nueva York. A su lado todo parecía más sencillo.

Al siguiente día en el trabajo, me asignaron de compañera a una chica española, su nombre era Sofía. Trabajaríamos juntas. Enseguida cogimos confianza. Me venía bien tener a alguien con quién poder hablar.

           — Entonces dices que tienes novio en España, y el tal Javi es un amigo desde que eráis niños. – Se repetía Sofía para asegurarse haber comprendido. – Yo no veo el problema para que no vayas esta noche. ¿Qué hay de malo en tener amigos? – Me preguntó.

Había comentado con ella el dilema que tenía, pero en ningún momento le había contado la verdad de todo lo que había pasado entre él y yo. Aunque pensándolo bien… realmente nunca había llegado a pasar nada entre los dos. Ante ese pensamiento, me di cuenta que podíamos seguir siendo amigos como siempre. Yo ahora estaba con Dani. Era cierto que me había impactado ver a Javi de nuevo, pero había sido una reacción normal, ¿no?

        — Llevas razón, no tiene sentido preocuparme. Es mi amigo y está en mi vida antes que Dani. ¿Qué hay de malo? – Dije ya más tranquila.

Le agradecí a Sofía que me diera su opinión.

El día pasó deprisa. Hasta llegar la noche. Recorrí las calles hasta llegar al Central Park. Era como si hubiera entrado a un mundo helado. La nieve cubría los bancos, los árboles… La luz de las farolas le daba un brillo especial al parque, creando una noche blanca que impactaba a la mirada. Me sentí como una niña en un cuento de hadas. Pero eso sí, hacía un frío de mil demonios. Fui caminando sobre la nieve dejando el rastro de mis pisadas a mi espalda. Hasta que después de buscar exhaustivamente durante más de media hora el puente, lo encontré.

Diferencié la figura de Javi, que ya me esperaba sobre el puente. Esperó a que llegara hasta él.

          — Llegas tarde. – Me dijo.

          — Lo siento, creo que me perdí un par de veces, nunca había estado aquí. – Le expliqué.

Javi sonrió.

          — No importa, nunca me ha importado esperarte. Mira. – Me dijo señalándome hacía la vista que teníamos desde el puente.

No me había fijado al llegar, porque iba preocupada por lo tarde que era. Pero mi mirada siguió la dirección de la mano de Javi. Nueva York me iluminó. Fue como ver la magia por segunda vez en mi vida. Millones de luces proyectadas por los grandes rascacielos. Una noche helada que de pronto se volvía cálida para la vista.

           — Nunca pensé que tendría el privilegio de ver por segunda vez reflejada la magia en tus ojos negros. – Escuché decir a Javi.

Mi corazón dio un vuelco al escucharle, anunciándome el primer aviso. Le sonreí. Era una noche solitaria en Central Park. Parecía que la noche quería que el parque fuera solo para nosotros dos. Sin previo aviso, Javi sujetó mi mano y echó a correr. Los dos corrimos por los paseos del parque, olvidándonos del frío, de la nieve que nos empapaba los pies, de la noche, del tiempo… Fue como retroceder a los días que éramos pequeños. Entonces ocurrió lo que más temía, Dani desapareció de mis pensamientos, en aquel momento solo existía Javi.

Pasaron los primeros meses. Javi y  yo solíamos quedar a menudo. Me enseñaba rincones de la ciudad o íbamos a tomarnos un café. Cualquier excusa con tal de pasar más tiempo juntos y recuperar los días que estuvimos separados.

Hablaba casi todos los días con Dani, pero no me atrevía a contarle que me veía a menudo con Javi. Sabía que no era lo correcto, pero tampoco estaba haciendo nada malo y evitaría que Dani se preocupara.

Aquella mañana de mediados de mayo, quise darle una sorpresa a Javi presentándome en su piso. Había salido antes del trabajo y a esa hora él ya estaba en casa. En los meses que habíamos pasado ya había entrado alguna vez más en su piso, se parecía mucho al mío.

La puerta del bloque estaba abierta, entré. Llegué hasta la puerta del piso y llamé.

           — Seguro que te volviste a olvidar las llaves, ¿verdad? – Comenzó a decir una chica a medida que me abría la puerta.

La chica borró su sonrisa en el acto al verme en el rellano. Pero aún más me sorprendió a mí aquella aparición.

 

¡Próximo capitulo Mañana MARTES 2 DE DICIEMBRE!

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