Llegar hasta ti (Capitulo 4)

Publicado: 29 noviembre, 2014 en Llegar hasta ti
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Todos seguimos un camino u otro, el destino siempre nos da a elegir. El problema o la solución es cuál elegimos. En ocasiones te da tiempo a rectificar tu elección. Pero otras veces, por mucho que corras… no llegas a tiempo para rectificar.

     — Lo siento joven pero no puede pasar. – Me decía una azafata.

     — ¡Pero usted no lo entiende! ¡Debo pasar! ¡Tengo que hablar con una persona! – Decía yo desesperada.

   — Entiendo su desesperación, pero ya es tarde, todos los pasajeros han embarcado y el avión está a punto de despegar, si no se tranquiliza tendré que llamar a seguridad. – Me dijo la azafata con más seriedad.

     — Pero…

     — Lo siento. – Dijo la azafata, zanjando el asunto.

No tuve más remedio que resignarme. Tampoco podía llamarle al móvil, con las prisas me había dejado el mío en casa.

Me acerqué hasta una ventana por la que podían verse los aviones en pista. Uno de ellos sería el de Javi. Apoyé mi frente en el cristal. “He llegado tarde”, pensaba una y otra vez. De pronto el sonido de un avión me alertó  que iba a despegar. Supuse que sería el de Javi. Con la mirada rota, vi cómo se alejaba de mí. Sentí como el hilo estrecho que  habíamos formado durante toda nuestra vida, de pronto comenzaba a estirarse, tanto, que no aguantó más y se rompió.

Me acerqué hasta un asiento y me dejé caer en él. El cuerpo me pesaba demasiado para sostenerme en pie. Miré a mí alrededor, me sentí sola y perdida. Una persona diminuta para un mundo que apenas sabía que existía. Cerré los ojos para contener mejor el dolor, pero esta vez no lo conseguí. Las lágrimas brotaron como impulsadas por un imán. Y rodaron por mi rostro una tras otra sin parar.

Los primeros dos meses mantuvimos muy buen contacto. Siempre me llamaba por teléfono cuando tenía un tiempo libre. Pero jamás mencionamos lo de aquel día que se fue, ni el mencionó lo del mensaje en el avión de papel, ni yo que había ido al aeropuerto. Por lo que nuestra relación había continuado igual que siempre, de forma más triste para mí, pero al fin y al cabo, como siempre. Después de los primeros dos meses dejó de llamarme. Intenté localizarlo, pero no conseguía nunca hablar con él ni contactarlo. Por lo que pronto dejé de intentarlo. Y así fue pasando el tiempo, hasta pasar los dos primeros años.

Su familia había ido a verle en un par de ocasiones, pero siempre estaba demasiado ocupado. Él no había vuelto por aquí.

La vida siempre nos pone a prueba. Terminé pensando que esto sería una oportunidad para conseguir olvidar a Javi definitivamente. Por lo que me esforcé para conseguirlo.

Durante ése tiempo aproveché para salir con más gente. También pasé más tiempo con mi hermana María.

Con la marcha de Javi todo había cambiado. Tuve que acostumbrarme a vivir sin su presencia cerca. La buena noticia es que encontré trabajo en mi campo profesional, para lo que había estudiado. Ahora trabajaba para una fuerte empresa de publicidad. Tenía bastante trabajo, por lo que estaba distraída y apenas me quedaba tiempo para pensar en nada más.

Mi vida parecía haber cogido otra vez un ritmo. Y lo que es más importante, un camino.

Me encontraba en mi habitación terminando de empaquetar mis cosas.

      — ¿Se puede? – Escuché decir a María en la entrada de mi cuarto.

      — Pasa.

      — ¿Ya estás terminando de recoger tus cosas? – Me preguntó.

      — Sí. – Dije con un profundo suspiro.

En ese momento encontré uno de los viejos aviones de papel que me enviaba Javi desde su ventana a la mía cuando éramos pequeños. Con el mensaje “Te espero fuera” y un dibujo mal hecho de nosotros dos corriendo cogidos de la mano. Se notaba en el papel el paso del tiempo. El dibujo que estaba hecho con lápiz se había emborronado un poco.

       — ¿Estás segura de lo que haces? – Me dijo mi hermana de pronto, sacándome de mis pensamientos.

María me observaba preocupada. Suspiré de nuevo. Guardé el avión de papel en una de las cajas y le miré sonriendo cuando respondí.

       — Claro que estoy segura. En estos momentos es lo que quiero. – Dije mientras precintaba la caja de cartón para que estuviera bien cerrada. – Además – añadí – no me voy lejos, seguiré aquí en Toledo, solo que en otro piso. – Le volví a sonreír.

       — ¿Has vuelto a saber algo de él? – Me preguntó María sin esperármelo.

La sonrisa que tenía se borró.

       — Dije sin añadir nada más.

Continué guardando objetos en las cajas.

       — ¿No te parece raro? – Preguntó María insistiendo en el tema.

      — Fue él, el que decidió dejar de tener contacto. Sus razones tendrá. Además, a mí ya no tiene que importarme. – Dije de manera indiferente.

María me observaba como si estuviera viendo a una persona desconocida.

        — ¿Pasó algo entre tú y Javi? – Preguntó entonces.

Por un segundo me quedé quieta, sentí como si me hubiera pinchado en la herida que intentaba mantener oculta en algún lugar de mi corazón. Pero rápidamente me repuse y continué con lo que estaba haciendo.

        — No entiendo a qué viene esa pregunta. – Dije intentando disimular.

      — Lo que yo no entiendo, es que porque ahora tengas pareja y te vayas a vivir con él, tengan que serte indiferente personas que han estado siempre en tu vida. Javi es como de la familia, ¿cómo puede darte igual? – Me dijo María de mal humor.

Sabía que mi hermana no tenía la culpa, ella no sabía nada. Pero comenzaba a molestarme continuar hablando de aquel tema.

        — Hazme un favor y deja de hablarme de Javi. – Dije sin querer mirarle.

        — Has cambiado, antes no eras así.

Clavé mi mirada en ella.

        — Entonces vete acostumbrando.

En ese momento María salió de mi habitación y no añadió nada más.

Otra noche había caído. Estaba sentada en el alféizar de la ventana como hacía a menudo, observando el cielo. Por un segundo mi mirada se quedó fija en la habitación donde había estado Javi hasta hacía dos años. Me acerqué hasta una de las cajas y busqué el avión de papel. Volví a sentarme en el alféizar. Había luna llena. Su luz iluminó el dibujo del avión de papel. Lentamente fui rompiéndolo, hasta que nuestras manos del dibujo se separaron. Dejé que la brisa de aquella noche se llevara los dos trozos de papel. Continué mirando la luna. “Adiós Javi”, susurré al silencio de la noche. Y por primera vez, me despedí de él definitivamente. Con aquellos dos trozos de papel viejo solté mis sentimientos, para que se fueran volando también, a algún lugar, donde no pudieran sentir nunca más dolor. Cerré los ojos para apreciar cómo la brisa fría de otoño calmaba mi interior en aquel instante.

Mi nuevo piso, mi nuevo hogar. Era más difícil de lo que había imaginado. La vista desde la ventana de mi habitación ahora era muy distinta. Abrí todas las ventanas para que entrara el aire. Era luminoso y espacioso. Muy moderno y minimalista.

         — No has traído demasiadas cosas. – Me dijo Dani, que en ese momento entraba cargado con dos cajas apiladas una encima de otra.

         — Ten cuidado, que no se caigan. – Le dije con una sonrisa. – No tenía demasiadas cosas. También aproveché para tirar lo que no me servía. – Le expliqué.

Dani colocó las cajas con cuidado sobre el suelo y se acercó a mí. Me dio un suave beso en los labios y sujetó mi rostro con su mano con sumo cariño.

         — Me alegra que te decidieras a venirte a vivir conmigo –. Me dijo mirándome con gran profundidad –. Te ha crecido mucho el pelo. – Dijo de pronto, cogiéndome un mechón.

Siempre lo había tenido de largo hasta los hombros, pero lo había dejado crecer hasta llegarme a la cintura. Ahora toda mi espalda la recorría una melena de color miel. Mis labios delgados y rojos dibujaron una sonrisa. Observé los ojos verdes de Dani, su mentón marcado, su labio superior delgado junto con su inferior grueso y su pelo corto y negro. Acaricié su rostro, que estaba tan suave como el terciopelo, supe que estaba recién afeitado. Él me sonrió dejando ver su dentadura blanca e impecable. Aquella sonrisa me recordó a la de Javi. Por un momento lo vi a él frente a mí en lugar de a Dani. Mi mano se separó confusa de su rostro.

         — ¿Qué ocurre? – Preguntó Dani, su sonrisa se había desvanecido y junto a ella el reflejo de Javi.

         — Dije –. Abrázame fuerte. – Le pedí.

Dani me abrazó con fuerza. Necesitaba sentirlo, todo lo cerca que pudiera, para olvidar el momento de hacía un instante.

Y el tiempo continuó pasando, hasta llegar al frío invierno.

Aquella mañana del 22 de diciembre llegué al trabajo con fuerza. Me sentía feliz. Los primeros meses de convivencia con Dani habían estado bien. Apenas habíamos discutido y nuestra relación parecía fortalecerse por momentos. Mi vida comenzaba a estabilizarse. Pero aquella mañana mi jefe me llamó a su despacho.

         — ¿Quería verme? – Pregunté al pasar.

       — Sí, por favor siéntate –. Me dijo ofreciéndome asiento –. He observado tu trayectoria aquí y he de decir que eres una de nuestras mejores diseñadoras. Como sabrás, nuestra empresa es internacional.

Yo asentí en silencio escuchando atentamente.

      — Ha quedado una vacante libre para una de nuestras sedes fuera del país. En tu formulario decías que no tenías inconveniente en viajar fuera de España, ¿no es así? – Me preguntó.

        — Sí, así es. – Respondí.

        — He decidido trasladarte, dado que eres uno de nuestros mejores trabajadores aquí.

        — ¿Trasladarme? ¿A dónde? – Pregunté con rapidez.

        — A Nueva York.

Aquella respuesta me atravesó el alma.

       — ¿Cómo ha dicho? – Volví a preguntar para asegurarme de haber escuchado correctamente.

       — Te trasladarás a Nueva York.

       — ¿Tiene que ser ahí? – Pregunté esperanzada.

       — ¿Qué pasa? ¿No es de tu agrado? – Preguntó el jefe confuso. – Creí que te alegraría. Ésta es una oportunidad que no se le da todos los días a cualquiera. Es tu recompensa por todo el esfuerzo que pones día a día en tu trabajo. Por supuesto el sueldo será mayor y los gastos del viaje correrán a cargo de la empresa.

       — Verá es que… – Pero el jefe no me dejó continuar hablando.

       — No estarás mezclando lo personal con lo profesional, ¿verdad? – Me miró buscando la respuesta en mis ojos.

Desvié la mirada.

        — Nunca debes dejar que lo personal te detenga en tu vida laboral.

        — ¿Para cuánto tiempo sería? – Pregunté.

        — Para dos años.

En esta vida solo hay dos opciones, o ser valiente y continuar avanzando, o ser cobarde y quedarte atrás. Acepté el traslado a Nueva York. Lo difícil sería ahora comunicárselo a Dani. Tenía que irme en dos semanas. Un tiempo demasiado corto. Al menos, podría pasar la navidad a su lado.

Como siempre había ocurrido, la vida volvía a querer juntar el camino de Javi con el mío. En los dos meses que habíamos mantenido contacto me dijo su dirección de Nueva York.

¿Sería capaz de soportar la tentación de ir a verle? Daba miedo averiguar la respuesta a esa pregunta. Pero aún daba más miedo averiguar las respuestas a las preguntas que vendrían después.

¡¡Próximo Capitulo Mañana!!

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comentarios
  1. Chronos dice:

    Wow menudo capítulo.

    Le gusta a 1 persona

  2. zcoer dice:

    Gracias!!! ^^ Me alegra que te guste!!

    Me gusta

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