Llegar hasta ti (Capitulo 3)

Publicado: 28 noviembre, 2014 en Llegar hasta ti
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Javi se iba. Se iba de verdad. Estaba claro que mi vida iba a cambiar, pero de una manera que no había previsto. ¿Cómo podría seguir mi mundo como siempre? ¿Sin la presencia de él?

Recordé mi reacción de la noche pasada.

              —¿Te vas? ¿Cuándo? – Le había preguntado después de darme la noticia.

              —En una semana. – Me había respondido él.

Recordé como me había mirado. Por un segundo llegué a ver en sus ojos lo sólo que se iba a sentir, al igual que yo.

             —Una semana… que pronto. – Había dicho entonces con voz apagada, pensando en la respuesta que me había dado.

No fui capaz de mirarle en todo el tiempo. Mi mirada se quedó fija en los reflejos que proyectaba el agua del rio de una ciudad que a partir de ese momento me resultaría menos mágica.

Después de la noticia, me trajo enseguida a casa. Hacía frío, y para ser sincera, no era capaz de mantener una conversación. Mi mente aún estaba asimilando en ese momento la nueva noticia.

Aquella noche hubo una despedida fría y distante.

De nuevo con ojeras. No había podido dormir en toda la noche. Desde mi ventana podía ver la suya.

Cuando éramos pequeños, siempre dejaba mi ventana abierta. Javi me escribía mensajes en un papel, formaba un avión con él y lo hacía volar hasta mi habitación. Siempre era el mismo mensaje.

“Te espero fuera”

Sonreí con nostalgia al recordar aquellos tiempos en los que pensaba que siempre estaría a mi lado. Sin darme cuenta noté la almohada húmeda, mi rostro también, estaba llorando. Unas lágrimas limpias y silenciosas brotaban de mis ojos tristes.

De pronto me di cuenta que ya no me vendría a recoger más para ir juntos al trabajo. Ni vería más la luz de su habitación frente a mi ventana.

Cómo es la vida. Lo que tanto se había empeñado por mantener a mi lado, ahora, en un soplo, lo apartaba de mí.

¿Y qué podía hacer yo? Ya era tarde para expresarle lo que sentía, eso solo complicaría más las cosas. No, tenía que dejarle marchar. Un proyecto así había sido su sueño desde que terminó la carrera. Él lo estaba logrando. Sin embargo yo, que había estudiado diseño gráfico, me encontraba trabajando para una compañía telefónica. ¿Conseguiría yo también alguna vez crecer en mi campo profesional como lo estaba haciendo él? Tantos pensamientos me asaltaban que temía que explotara mi cabeza.

Una semana… En una semana, todo cambiaría, de hecho, ya había cambiado.

Pensé que durante la última semana pasaría más tiempo con Javi. Pero tenía demasiado que preparar para el viaje, por lo que apenas le quedaba tiempo para nada más.

Había sido realmente solitario ir al trabajo sin él. El camino parecía más largo y las calles más apagadas.

A mitad de semana antes de ir al trabajo, el timbre sonó.

—¿Le gustaría a alguien que le llevara al trabajo hoy? – Fue lo primero que dijo Javi cuando abrí la puerta y lo encontré tras ella con una gran sonrisa.

Mi mundo se iluminó.

              —Has venido demasiado temprano, aún falta una hora para que empiece a trabajar. – Comencé a decir a medida que pasaba dentro y Javi me seguía a mi espalda. – Qué, ¿ya te has olvidado de la hora a la que voy a trabajar? ¿Tanta preparación para el viaje te hace perder la memoria? – Le dije con una sonrisa bromeando.

Me dirigí a la cocina a terminar de desayunar.

El corazón se me había acelerado aunque lo intentara disimular. No había vuelto a ver a Javi desde aquella noche.

              —No he olvidado a qué hora trabajas. – Me respondió riendo. – Es solo que como no tengo mucho tiempo libre, he querido venir antes para pasar un tiempo más contigo. – Dijo mientras se sentaba frente a mí.

Clavó sus ojos en los míos negros. Tuve que desviar la mirada porque me había olvidado de respirar. Pero sonreí, me hacía feliz escuchar aquello.

              —Llevabas tres días sin aparecer. – Dije de pronto más seria de lo que pretendía.

—Hay que hacer demasiados trámites y rellenar demasiados documentos. No todos los días se va alguien para vivir cuatro años a otro país.

—¿Qué? – Dije alzando la mirada de pronto y clavándola en él.

El silencio cayó sobre nosotros como una losa gigantesca de mármol. Aquella noche me había dicho que se iba, pero en ningún momento había comentado para cuánto tiempo. Y cómo es lógico, ese dato me pilló por sorpresa y me impactó mucho más. Mi corazón, que ya casi estaba roto, terminó por hacerse mil añicos.

              —¿Tanto tiempo vas a tardar en ese proyecto? – Pregunté entonces con voz apagada.

            —Me han ofrecido un contrato de cuatro años para quedarme allí a trabajar para una empresa de arquitectura. No te lo dije antes porque este contrato me lo ofrecieron ayer. Y he aceptado.

Un silencio intenso nos envolvió.

              —¿No te alegras por mí? – Preguntó él.

Tenía que ser fuerte, era una gran oportunidad para Javi. Tenía que ver que me sentía feliz por él.

             —¿Estás bromeando? ¿Cómo no voy a alegrarme? Es una noticia fantástica. – Dije conteniendo todo lo que sentía en realidad en la boca del estómago.

Javi sonrió al escucharme.

            —Pero… – comencé a decir con timidez y tristeza –. Te echaré de menos.

De pronto Javi se levantó y se colocó a mi lado. Puso sobre mi cabello su mano, acariciándolo como siempre hacía.

           —¿Y crees que yo no? – Dijo él. – Siento que voy a dejar dos familias atrás en lugar de una. María y tú sois como mis hermanas. Ya sabes que yo soy hijo único. Haberos tenido tan cerca todos estos años ha sido lo mejor que me ha podido pasar. – Terminó diciendo.

“Como sus hermanas…” pensé. Esas palabras se quedaron grabadas en mi mente como un tatuaje.

          —¡Javi! – Se escuchó decir a mi hermana que había aparecido en aquel momento.

          —¡María! Cuanto tiempo sin verte.

Javi se acercó rápidamente y le dio un fuerte abrazo.

          —Normal, solo te gusta pasar tiempo con Leila. – Dijo ella quejándose.

         —Eso no es cierto, y para que veas que no es mentira, os invito a las dos éste sábado a pasar el día juntos. – Dijo Javi.

Me alegró la invitación, pero hubiera preferido que hubiéramos estado solos. Pero comprendía que aunque para mi hermana no fuera igual de especial que para mí, también lo había llegado a querer. Por lo que en estos momentos no se podía ser egoísta.

El sábado llegó. Lo estaba esperando con impaciencia. Ya que habían pasado otros dos días sin verlo. Pronto llegaría el lunes, un día que deseaba que no llegara nunca, pero la vida es así y lo único que no se puede detener es el tiempo.

No quise que aquel día se estropeara por mis sentimientos. Por lo que los escondí todos y por un momento los olvidé. Disfruté del sábado junto a Javi y mi hermana.

Y como siempre pasa, el tiempo pasó demasiado rápido. Fue un día increíble. Reímos y hablamos sin parar. Recordando viejos recuerdos de cuando éramos niños. Yo observaba a Javi sin poder apartar la mirada. Para grabar cada expresión de su rostro en mi memoria, para no olvidarla nunca.

Cuando llegó la noche, nos dejó en nuestra casa.

De nuevo en mi cuarto. Me dejé caer sobre la cama. Había sido un día agotador. Me acerqué a abrir la ventana para que entrara el aire. Volví a sentarme en la cama. No quería pensar, no quería que nada doloroso apareciera en mis pensamientos. No quería sentir dolor.

Entonces, un avión de papel apareció entrando por mi ventana. Lo cogí. En una de sus alas decía:

“Te espero fuera”

Rápidamente cogí mi bolso y salí. Javi ya estaba en la calle esperándome. Sabía a donde me llevaría, al lugar donde vi la magia por primera vez con ocho años. Al lugar donde me dio la noticia.

De nuevo sentados sobre las almenas de la muralla de Toledo. Era una noche despejada. Podían vislumbrarse millones de estrellas. El frío salía de nuestras bocas al respirar, que podía verse por el vaho blanco creándole un cuerpo.

           —Quería pasar un tiempo más contigo a solas, antes de marcharme. Mañana tendré el día entero ocupado. Y el lunes tengo que irme temprano al aeropuerto de Madrid. – Dijo Javi rompiendo el silencio.

           —¿A qué hora sale tu avión? – Pregunté.

           —A las nueve de la mañana.

          —No podré ir a despedirte al aeropuerto. – Dije.

No poder ir a despedirme de él era triste y doloroso, pero también un alivio. No podría soportar verle subir al avión y sentir como se iba alejando de mí.

          —Dije de pronto mientras miraba el cielo.

          —¿El qué asusta? – Preguntó Javi.

          —Sabes que te vas para cuatro años, pero asusta no saber qué es lo que puede pasar en ese tiempo. – Respondí.

          —Llevas razón. – Dijo Javi. – Pero ese es el misterio de la vida ¿no? El no saber qué va a pasar en el día de mañana.

          —Pero hay cosas que sí se saben. El lunes yo sé lo que va a pasar. – Dije agachando la mirada.

Javi me observó unos segundos. Después desvió también la suya hacia el río, pero no dijo nada, se quedó en silencio.

Cuando los dedos de las manos comenzaban a entumecerse, decidimos volver a nuestras casas. Pero antes de llegar a entrar en mi casa, Javi me hizo una pregunta inesperada.

          —Me llamó, me giré para mirarle. – ¿Tú quieres que me vaya?

Aquella pregunta me pilló por sorpresa.

          —¿A qué viene ahora esa pregunta? – Pregunté confusa.

          —Sólo responde, sí o no. – Me insistió.

No sabía que decir, claro que no quería que se fuera, pero estaría siendo egoísta. No podía decirle que no. Quería que se fuera tranquilo, sin nada de qué  preocuparse. Por lo que elegí la respuesta que creí que sería correcta.

         —Claro que quiero que te vayas, te echaré de menos, pero es algo normal, ¿no? Quiero que seas feliz y es una gran oportunidad, seguro que todo sale bien. – Le dije sonriendo.

El esfuerzo que hice al pronunciar esas palabras jamás podría volver a repetirlo.

         —Me alegra saberlo. – Dijo él simplemente, se acercó hasta mí y me abrazó. – Qué te vaya todo bien. – Me susurró al oído.

No pude aguantarlo y le abracé con fuerza. Pero no tenía que llorar. Conseguí aguantar mis lágrimas, aunque no pude soportar que se me empañaran los ojos. Rápidamente  los sequé, antes de que nos separáramos.

       —Volveremos a vernos Leila. – Me dijo antes de verle desaparecer tras la puerta de su casa.

Aquella noche no dormí hasta que no vi la luz de su habitación desde mi ventana apagarse, al igual que le estaba pasando a mi corazón.

Y como el tiempo no se detiene, llegó la mañana del lunes. La noche del sábado y del domingo apenas pegué ojo. Las horas de cansancio se acumulaban en mi cuerpo. Muy pronto parecería un zombi.

Cuando desperté el lunes por la mañana, lo primero que hice fue mirar el reloj. Eran las ocho de la mañana. Su avión saldría pronto. Estaba congelada. Me había quedado dormida con la ventana abierta. Me acerqué a cerrarla y sentí que había pisado algo. Miré hacia el suelo y era un avión de papel. En una de sus alas decía:

“Me hubiera quedado si me hubieras dicho que no querías que me fuera”

Mis manos comenzaron a temblar. No podía ser, no podía ser cierto. Tenía que ser un sueño, tenía que serlo. Sin pararme a pensar, comencé a vestirme rápidamente. Y como una loca, salí disparada en busca de un taxi, aunque me gastara una exageración de dinero. Tenía que llegar al aeropuerto. “Por favor, espérame”, pensé con esperanzas.

Mañana Próximo capitulo de LLEGAR HASTA TI

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