Llegar hasta ti (Capitulo 1)

Publicado: 26 noviembre, 2014 en Llegar hasta ti
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Jamás imaginé que aquel chico de cinco años, de ojos negros como el carbón, sería la persona que hoy tendría frente a mí. Una persona a la que quería llegar, pero cada minuto que pasaba de nuestras vidas, comprendía a mi pesar, que era inalcanzable para mí, alguien a quién había conocido desde que era un niño. Parecía irónico pensar que la persona que más tiempo había pasado a su lado, era a la vez, la que más lejos estaba de tenerlo.

Habíamos empezado a trabajar los dos hacía poco. Los estudios los teníamos finalizados y ahora debíamos ganarnos la vida. Desde que éramos pequeños nos hemos ayudado siempre. No somos hermanos, tampoco tenemos ningún tipo de vinculo de sangre ni nada parecido. Simplemente nuestros padres eran amigos y nuestras casas estaban enfrente. Dos coincidencias en esta vida. Pero esas coincidencias provocaron sentimientos en mí, algo que a él no le pasó.

Javi siempre me recogía para ir a trabajar. Aunque nuestros trabajos eran distintos, se encontraban cerca y nuestros horarios eran parecidos. Sí, siempre era así, la vida continuaba haciendo girar todo a nuestro favor para que estuviéramos juntos. Pero él siempre se acercaba a mí, me sonreía como siempre había hecho y me pasaba su mano por el pelo de forma cariñosa, como si de su hermana pequeña se tratase. Era adorable, pero a la vez tedioso, porque no era el trato que yo quería, el trato que yo anhelaba.

— ¿Tienes algo que hacer el sábado por la noche? — Me preguntó Javi de camino al trabajo.

Como de costumbre hacía, medité durante unos segundos para no parecer tan obvia.

— Vas a tener suerte, de momento no tengo nada para esa noche. — Dije con una gran sonrisa, como de costumbre.

— Perfecto, entonces no hagas planes, quiero llevarte a un lugar. — Me dijo.

Mi corazón se aceleró por unos segundos. Como una idiota ignorante, tuve esperanzas de que todo este tiempo hubieran sido imaginaciones mías el trato que él me daba.

Mi trabajo, que se trataba de atender una tienda de telefonía móvil tras un mostrador, era aburrido. No pude centrarme en otra cosa que pensar en el sábado, parecía que no llegaría nunca. Estábamos a jueves.

El viernes por la noche, no podía dormir. Las sábanas se revolvían en mí. Los nervios me desbordaban. Era imposible conciliar el sueño. Me incorporé de la cama, me acerqué hasta la ventana y observé la noche brillante y tranquila. Había luna llena. Observé cómo inundaba el cielo por un baño plateado de luz y cómo las pocas estrellas que dejaba ver la contaminación lumínica de la ciudad, parecía crear un manto de sueños y magia. Me senté en el alféizar de la ventana. No me importó que hiciera frío. Me envolví una manta y me quedé contemplado la noche. “Pronto llegará mañana, y entonces, puede que mi vida cambie o siga exactamente igual”, pensé.

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